viernes, 31 de mayo de 2019

SIN MEDIA PALABRA.

En los últimos meses sus  vidas habían sufrido cambios importantes. El miedo a  la muerte, al desengaño amoroso, la separación de seres queridos, en definitiva, la angustia, se habían cebado con ellos en esas últimas fechas. Llevaban sin saberlo y sin conocerse un evidente paralelismo en sus vidas. Su existencia había transcurrido en paralelo.

Siempre se encontraban a la misma hora; uno en cada lado del andén de la parada en la estación  de  metro de Antón Martin, pero nunca se atrevieron  a desviarse lo suficiente del camino predeterminado para encontrarse en algún punto  de la estación. Aunque alguna vez, al menos así lo creía él; pudo haber ocurrido, pero fue mejor  dejar estar las cosas. Adentrarse en determinados vericuetos podía dar al traste con un juego de  miradas furtivas y que de los dos participaban  con  interés. Hacía tiempo descubrió que podía considerarse bueno interpretando las expresiones faciales y corporales a cierta distancia;  especialmente en determinadas circunstancias. 

Sin embargo, su timidez y miedo le atrapaba y, en  ocasiones, le impedía responder a las necesidades de las personas que tenía delante. En especial si  se trataba de una  mujer. Y esta vez no parecía constituir una excepción. Sin embargo; sabía en el fondo de su ser que sí se trataba de  una  excepción. Cuando a la vez decidieron mentalmente que se acabaron las miradas furtivas, e incluso ciertos gestos innecesarios, al menos así le  parecía; llegó el momento de mirarse fijamente  a los ojos.  El verde de los ojos de ambos, difuminado por la escasa luz de la estación, cobró  una extraña luminosidad. En ese momento pudo leer, o al menos así lo creyó; lo que había pretendido ignorar durante mucho tiempo. Esa mirada, limpia y abierta, había dejado escapar ese  sentimiento de amor, tanto tiempo escondido por un desengaño, y que parecía fluir a borbotones en  aquel instante. Se sintió feliz, correspondido.  Intuyó que en ese momento su propia mirada  también debía estar construida con los mismos  mimbres. Durante unos segundos se dejó llevar por aquel magnífico espectáculo que protagonizaba de manera inesperada. Todo lo importante parecía condensarse en aquellos dos ojos y en su lenguaje, que parecía gritar lo que los labios no decían. 

Aquello reafirmó lo que ya suponía y constituiría, como no podía ser de otra manera, una declaración de amor sin ni mediar palabra entre  ellos, que  pretendían y seguramente conseguirían  que durase hasta el final de sus días.

REFLEXIÓN CARENTE DE LA VOCAL A.

Leer, correr, escribir, oír; muchos verbos descritos y por nuestro cruel olvido, fenecidos en el noble empeño de querer sobrevivir. No soy ni mucho menos un chico moderno, ni pretender ser ni por un momento obsoleto ni viejo de mente. Ni soy hombre sin ningún tipo de recurso intelectivo dentro de lo coherente. Soy del tiempo en que vivo y por consiguiente en mi mente voy y estoy en modo: O Todos o evidentemente ninguno.
Simplemente en mis noches de no dormir medito y reflexiono en mi modo de dirigir los designios que me impone el modus vivendis en el que me muevo como pez en el liquido elemento. Escribo todo lo que mi percepción de oír y ver me permite en mi dirimir por donde vivo; mi urbe. Escribo todo lo que veo y oigo. Después de escribirlo, lo leo y releo cien veces por si se me fue de mis precepciones un destello de lucidez, un hilo de luz digno de ser escrito.

De noche es mejor escribir, el frescor nocturno convierte el binomio mente /intelecto en un elemento digno de ser precursor de noches sin dormir con un consecuente y incipiente fluir de borrones listos de ser leídos unos, y otros inconclusos y por un lógico hecho, prístinos y con el destino de morir sutilmente en el fondo de mi mente. Escondido en la noche me cruzo con gente diferente y divergente. Gente con sus rostros rudos, curtidos por el tiempo . Gente que lo nocturno les impone que gesticulen con grotescos gestos que me estremecen y me revuelven mis instintos ocultos; gente que su único fin es envilecer tu modo de ver el entorno en el que vives o converges.

Noches de beodos que se convierten en becerros biconvexos y bolilleros de lo nocturno; bebercios boquihundidos y boquitorcidos producto del clorofórmico efecto de beber junto con el olor hipnótico de un porro de kifi. Todo ello Unido te convierten en un bizcorneto sin rumbo. El ruido de los vehículos es ensordecedor y viene un corto silencio que se interrumpe por el tenue sonido de mi reloj y por los murmullos de gentes que, como yo, sobreviven sobre los mugrosos cementos. Me sorprendo yo mismo pudiendo ver y sentir. Percibir cuerpos invisibles, oír voces de este submundo. Intuyo un fin, un principio, un sueño profundo.

Y es en el momento que tu mente como un resorte te dice: escribe sobre ellos, escribe sobre lo que ves. No dejes que se te olvide o peor, huyen del entorno nocturno y se esconden de tu visión.

Termino este tostón y eclíptico escrito solo con un texto reflexivo: 
Lee, escribe y discute sin ser insolente ni indolente por lo visto y oído, sé liberto de rencor y consecuente en discusiones que no son contigo, porque siempre el logro y fin por conseguir es tu reflexión, y por ende ser un ser libre y nítido de mente. Y por supuesto no olvides: Oye, lee y escribe. Y del resto...que no importe el vivir. Porque todo consiste en ver y sentir, ese es nuestro fin y motivo, poder creer en nosotros mismos.

jueves, 30 de mayo de 2019

EL TIEMPO IRRECUPERABLE.

Cuando llego a casa por la noche agotado de pasear, de mis viajes a ninguna parte, entro directo en mi habitación, allí tumbado en la cama con la luz encendida, solo oigo el ruido del ventilador al girar y algún coche en la lejanía  que pasa de vez en cuando, o quizá, las voces y gritos de alguien que atraviesa la calle vacía reclamando la atención de quien le quiera oír, producto de los vapores etílicos o de andar en debate abierto con el mundo.

Genio, mi perro duerme en el suelo del salón, roncando de vez en cuando. solo interrumpe el ronquido cuando bufa y gruñe producto quizás de alguna pesadilla. Mi habitación es mi subterfugio para pensar; de él han salido ideas geniales como también han salido proyectos futuros, pero nacidos con el estigma de una muerte anunciada. Es mi castillo, mi refugio; aunque algunas veces tengo la sensación que habito en un castillo de naipes, que una ráfaga de viento gélido y glaciar lo va a derribar sepultando todo lo que contiene, incluida mi persona. 

Comienzo a pensar y divagar: un cúmulo de imágenes y palabras se dibujan y van cogiendo formas entrecortadas en mi mente. Recuerdo y repaso los últimos acontecimientos vividos en el silencio que me otorga mi guarida. Mi vida últimamente transcurre cómo si fuera una marioneta movida por alguien que ya no sabe como bajar el telón y terminar la historia. Marioneta con los hilos ya desgastados, flojos. Sin ganas ya de nada, agotado de intentar hacerlo todo. No pertenezco a una generación perdida. Soy de una generación corrompida con demasiadas opciones, demasiadas cosas, demasiadas tecnologías, demasiadas facilidades; y en definitiva, demasiado solo.Una nueva etapa llegará…pero cuando cohabitas y vives en un momento de transición obligado por un maldito lobo que me esta devorando las entrañas cuesta mucho mirar hacia adelante, y anclarte o aferrarte con fuerza en el pasado parece más cómodo, o más fácil. 

Nunca me han gustado los cambios bruscos y cuanto mas ,impuestos. No lo acepto bien. Yo no soy una de esas personas que no tienen de nada, pero tampoco de esas que tienen de todo. Y lo que he tenido que fuera mío me ha costado un esfuerzo, y por eso precisamente me martiriza y duele tanto el perderlas. Pero como animal racional, ósea tonto, cuando ya lo consigues piensas que nadie te las podrá quitar, ni te imaginas que sería el estar sin ellas, porque, ni te lo planteas. Así que, las descuidas, y cuando las pierdes del todo piensas que ojalá hubieses aprovechado mejor el tiempo que se te fue concedido. Pero nunca y en mi caso mas, se sabe cuánto va a durar tu tiempo, nadie dispone de un reloj que marque tus pautas de vida, tus decisiones. 

Es como una lotería. Nunca lo sabes. Y el tener prisa también puede hacértelas perderlas antes de tiempo. Por eso, cuándo estoy tumbado en la cama, mirando hacia arriba; hacía un techo blanco impoluto con pequeñas grietas, me doy cuenta de la monotonía, y de la calma que me rodea, porque aquí si soy dueño de mi tiempo. Tumbado desde mi tálamo miro por la ventana, pero el paisaje no es mejor, sigo sin ver nada esclarecedor ahí fuera, algo que me oriente el camino a seguir, si no lo veo en mis paseos diarios, ¿Qué me hace pensar que desde mi castillo los conseguiré ver? pero mis ojos sistemáticamente y producto quizás de un acto reflejo recorren el espacio abierto una y otra vez...

Es cómo si todo el sol, todos los cielos azules, todos los campos verdes y todas las alegrías del mundo se fundieran y desaparecieran en un suelo yermo y estéril. De todas formas sin las flores, seguiría sin ser una primavera. Sin olas seguiría sin ser el mar, aunque toda la arena, el agua y la sal se juntaran... Cuando lo más importante, que es la fuerza, falta, porque te niegas a seguir luchando, no sirve de nada colgar una flor o empujarte con una ola de mar, porque aún así no va a funcionar.  Y ahora en mi soledad, una larga calle sin salida se extiende ante mí en línea recta, oscura, solitaria, desangelada; imaginando  sombras y ojos que me persiguen. Imaginando gritos desgarradores, oigo palabras que me hieren. Siento los golpes que me lanzan, y veo vientos de cambio que no se detienen, pasan de largo ante mi presencia. 

La habitación empieza a dar vueltas donde el eje de rotación soy yo, la puerta del dormitorio da un golpe seco y despierta de sus ensoñaciones a Genio.Voy al baño; abro el grifo y meto la cara debajo. El agua fría tal vez me despeje. Me vuelvo a ver solo en la semioscuridad, con la leve luz de mi mesita de noche a mi derecha. Me tumbo en la cama otra vez, e intento aliviarme haciendo lo que últimamente hago, inconscientemente intento llorar por perder mi tiempo en futilidades y dislates mentales que me entumecen el cuerpo hasta doler,  pero no lo consigo, no tengo lagrimas. Así que ya solo me toca dormir, soñar y olvidarme de todo por esta noche, hasta que me duermo y llega un nuevo día.

miércoles, 29 de mayo de 2019

LICUACIÓN.

Llevo 4 días en estado de licuación, como si se me hubieran incrustado a golpes de martillazos un abrigo de visón a la piel, imposible de quitar y muchísimo menos de abandonar. Empiezo a envidiar los fríos, las tormentas, las inundaciones. Envidio a todos y cada uno de los seres humanos que imagino fresquitos en la montaña, en un río o disfrutando del crudo invierno.   

No soporto estos calores, y menos ahora, este bochorno agotador e irrespirable que hace de las noches minúsculos días y de los días enormes desiertos. Quiero dejar de ver esa negrura en las ventanas vecinas que crean voces de muertos y ultratumba  y torsos desnudos. Quiero que cierre ya la cafetería de enfrente y enmudezca el jolgorio nocturno de borrachos y trasnochadores frente a las cervezas y cafés con hielo. Quiero dormir con mi mantita, con la sábana cubriendo mis orejas y abrazado al imaginario cuerpo de al lado que forma mi almohada, ahora hecha estufa. Quiero que llueva, que desaparezcan los olores a orín envejecido de las esquinas y los portales. Quiero que caiga un tormentón que limpie esta maldita ciudad y mi cabeza, de una vez por todas.

martes, 28 de mayo de 2019

MUSA ENDURECIDA.

"La mujer es el ser más sensible y perfecto de la creación, cuando es sacudida por el dolor, no solo llora... se endurece"
Mis sentimientos no deben ser maleables.Los prefiero obsesivos, inflexibles,atrincherados en sólidas posturas. Enquistados en sueños de pasiones. Que me obliguen a despertar de golpe, que me enfrenten al miedo y sus demonios.Yo no creo en el beso que no muerde,ni en el abrazo pálido.

Que pronuncien el nombre del deseo,que no se rindan,que lo intenten todo.Y, cuando por imposibles se suiciden, que me dejen morir un poco, un rato. Sin ponerme de rodillas a solas con mi llanto.Yo, aprendiz de poeta duermo y sueño, la visita de la fugaz inspiración. Pero las musas díscolas y traviesas me mienten, trilean y engañan, se olvidan de su creador. Mis amores olvidados de poeta,duermen profundamente en un cajón. Donde las esquivas musas traviesas,encierran bajo llave mi creación. Hay poetas que sueñan con atrapar,el don de la imaginación.E intentan enamoran a sus musas con su verbo e ingenio,su talento y su innato don. 

Pero las musas traviesas,hijas primigénitas del espíritu creador.Se hacen las adormecidas,ariscas y perezosas, ignoran al escritor. Hasta que la noche atrapa,a la esquiva y fugaz inspiración.y deja sobre la mesa del poeta,las ideas que ayudaran al rapsoda. Musa embravecida, enmudecida y endurecida, no por sufrir mal de amores. Debes dejar huérfano a quien te pide ayuda, y con indiferencia soltarle de tu mano.

lunes, 27 de mayo de 2019

DE FÁBULA.

Llevo todo el día divagando y dando vueltas a la cabeza  sobre un tema del que escribir, estoy en lo que dicen los escritores, una laguna literaria, la inspiración se niega, estarán mis musas peleadas conmigo, por cierto, mis musas tienen nombre, Ganas y Pereza, aunque  nunca coinciden. Pereza es torpe y ramplona. Pero tiene una fluidez de ideas digna de admirar. Ganas viene cuando pereza duerme su justo y merecido descanso. Ella es mas vital. Me insufla ánimos, no es amiga de dar ideas, pero se complementa con Pereza y hacen un tándem perfecto. 

De un tiempo a esta parte, llevo recibiendo y soy objetivo de amenazas muy sibilinas, por parte de ciertas personas que se ven retratadas en unos artículos de opinión que publico en un periódico de buena tirada, en el fondo no saben que dado el momento puntual  malo, muy malo en que vivo, esas amenazas lejos de amedrentarme, me ayudan, algo estaré haciendo bien para tan infame y tamaña actitud.  Me he sentado en una cafetería cansado de dar mi paseo diario  por un Motril en clara decadencia y estoy  tomando una manzanilla sin azúcar, leyendo con supina avidez un articulo a modo de fábula de un buen amigo y mentor mío, Juan José Escribano, no sabía yo que estaba cultivado en el arte de escribir fábulas, y cuanto menos tan acidas y lenguaraces, dignas de un Quevedo del siglo veintiuno, difícil arte el de escribir fabulas. Creo que no me atrevería jamás a ni intentar entrelazar alguna. 

Atrapado en la lectura del artículo; desvio instintivamente la vista al borde superior de la revista y a través de los cristales de la cafetería contemplo asombrado una de las escenas más extravagantes de las que he sido testigo en mi vida: por la calle veo pasar una troupe inaudita de animales. Preso de una evidente y lógica curiosidad me levante del asiento de un salto, dejando la manzanilla y la revista en la mesa y saliendo en pos de aquella zarabanda de animales  mugientes, chillones y aullantes que avanzaba descontrolada por la calle. La caravana, variopinta donde las haya; estaba compuesta de animales de tan dispares especies, y a pesar de ello, siendo esto lo más insólito, parecían compenetrarse de manera fuera de lo natural. Allí se removían juntos un perro faldero, un buey, una víbora, un loro, un avestruz y una hiena. Ahora comprenderéis mi perplejidad, y tengo por seguro que sabréis imaginarse y entender la ocasión absurda e irreal que se ponía mi alcance para destripar  un tema sobre el que escribir. 

Reconozco, eso sí, que puede parecer increíble, todo cuanto llevo dicho y lo que falta por ver es cierto. Me pregunto mentalmente, ¿dónde van esa caterva de bestias? ¿Quizás son el reclamo viviente de algún circo? No lo sé; pero el caso es que las seguí instintivamente como mucha gente hacia, sin que al parecer les importase de nuestra presencia. Durante un rato anduve así, observando su comportamiento, de lo que saqué en claro que exceptuando la inusual sintonía en que se desplazaban, cada uno hacía lo propio de su especie. El perro faldero, un triste ejemplar de un tan noble animal, desarrollando su innata actitud de faldear iba husmeando los culos de la gente con la que se cruzaba, sin parar ni un momento y relamiéndose el hocico con su mirada de perro desangelado;  El buey, ¿Qué podría decir del buey? Pues que era igualito a tantos como los de su especie: De paso cansino, mustio, grande y de mirada inexpresiva y lánguida, en fin, que era un vacuno a la máxima expresión. Encima de la enorme testa de éste, y por su cornamenta no menos descomunal se apoyaba y enfilaba erguido y orgulloso el loro, pedante como muchos que se consideran genios por el hecho de ser capaces de pronunciar con la lengua lo que piensan con las tripas. 


La víbora, como reptil que es, arrastraba su anoréxica barriga por los maltrechos adoquines del pavimento, sacando su bífida lengua de tanto en tanto, haciendo  ver como que bostezaba sólo para enseñar los colmillos, los dos frasquitos con terminación en alfileres que guardan su veneno, y todo meramente por puro entretenimiento  nada más. De la hiena y el avestruz no creáis que me he olvidado. La primera, carroñera por naturaleza  pero con un toque de simpatía que hasta empatiza con la gente, caminaba sonriendo a diestro y siniestro; y no obstante, algo había tras su solícita sonrisa que delataba sus mezquinas y turbulentas intenciones ocultas entre sus caninos, ávidos de carroña. El avestruz, desconcertante pájaro que no puede volar, ave muy ingenua donde las haya, al que de poco le sirven sus prominentes y potentes patas movidas por un exiguo cerebro, cada vez que presiente el peligro mete la cabeza en un agujero, dejando el resto de su dantesca anatomía a merced de la amenaza. a mi modo de ver el ave mas tonta del reino animal.

Un leve toque en mi hombro del camarero me sacó de mi letargo. ¡Se le enfría la manzanilla señor! exclamó con aire solícito. una vez repuesto del impasse que sufrí, y ubicándome en el espacio tiempo, una sonrisa en cierto modo hasta bobalicona se reflejó en mi gesto, me tome de un trago largo la fría manzanilla y me dije mentalmente, ¡Bendito Juan José Escribano!. Amigos, no busquéis moraleja, no la hay. Ni soy persona indicada ni pretendo enseñar nada a nadie. Y a los que aún se nieguen a creerme, desconfiando de la veracidad de esta historia, no tengo más que deciros que miréis a vuestro alrededor, a los vecinos, a vosotros mismos; o, mejor aún, a vuestros enemigos; en los que siempre suele ser más fácil encontrar semejanzas zoomórficas. Tal vez os sorprendan tanto o más que a mi.

domingo, 26 de mayo de 2019

EL RECOLECTOR DE ESTRELLAS.

Sin ser pájaro fuí recolector de estrellas en la noche, las guardé bajo cien llaves en mi baúl.Las había brillantes, fugaces, tintineantes, hasta azules; las recolecté una a una del manto etéreo del universo.Ya no quiero adornos, Ni tan siquiera flores en ramos. Vacío la sal del mar para que no reluzca bajo astro alguno; robo el soplo al viento Para que su caricia no llegue a puerto ninguno.

Quiero borrarle a la eternidad el tiempo, extraerle a la tierra su núcleo candente,Fundirme en un hielo perpetuo que queme de puro frío. Ser palabra de silencio; voz del papel impoluto. Quiero, quisiste, quisimos… cuantos te quise… Y ahora queda el llanto ahogado, que no es más que susurro de lo vivido, de lo pasado. Un pasado con una pátina de color sepia... La única realidad que existe es que soy ave; que soy pájaro y con el viento me elevaré, volaré alto; y así solo abajo dejaré en todos los rincones palabras y llanto.

sábado, 25 de mayo de 2019

LA CARTERA SIN FONDO.

- ¡Que bonita es la vida! ¡Ah...! Es tan maravillosa... suspiró Manuel sonoramente.
- con todas sus cosas buenas y sus cosas malas, todo tiene su lado positivo ¿verdad? Y las flores, los pájaros, la luz del Sol, de la Luna, esos rayos de Luna... las noches claras, las tormentosas, los días de invierno o de verano, primavera u otoño, es espléndida ¿no lo ves? Da igual el tiempo que haga, los problemas que tengas o la relación que tengas con este mundo, todo eso es insignificante y no justifica la negación de una evidencia tan grandiosa como es la vida, esa sensación de vivir al límite o plácidamente, sin sobresaltos; el saborear una copa de vino o ron para ahogar una mala pena o una taza de café humeante para disfrutar de un buen momento de charla o relax, no importa, ¿sabes? No importa en absoluto, porque...
- ¿Quieres dejar de decir chorradas y venir a ayudarme a cavar, estúpido? exclamó una voz enfurecida desde el interior de una fosa embarrada en medio de un campo de hortalizas.
- No me llames estúpido, te recuerdo que yo soy el listo de los dos y que sin mi no irías a ninguna parte; dijo Manuel con deje de superioridad y orgullo herido.
– Yo soy el genio y tú la fuerza, ¿recuerdas? Así que no me llames estúpido.
- No digo que seas tonto, solamente digo que vengas a ayudarme o no terminaremos nunca, ¿entiendes eso?
- Vale, vale, no es para ponerse así. – accedió Manuel resignado. 

Juan y Manuel eran dos sicarios a sueldo que trabajaban al más puro estilo mercenario, “tu cumples con el dinero y nosotros cumplimos con el trabajo”, sin importarles cualquiera de las circunstancias que pudiese envolver a la víctima. Eran muy serios en su trabajo y en cada crimen lo demostraban sobradamente. Últimamente el negocio no iba muy bien, demasiado control en las calles y demasiados guardaespaldas; aparte de que los negocios más turbios llegaban a solucionarse desde dentro y a base de soltar mucho dinero. Eso les había llevado a pequeños delitos con el fin de sobrevivir a través de lo que siempre habían sabido hacer: matar. 

Las cosas se habían vuelto difíciles y no podían dejar un cadáver por la calle como antaño. Ahora, la vega de Motril era cementerio de sus víctimas y testigo de sus actos. Y allí se encontraban, con un pico y una pala, con una tormenta acojonante y con un hombre dando sus últimos suspiros. La noche se avecinaba mala y debían cavar aprisa antes de que empeorase la cosa.
- Mi cartera, mi cartera... susurró la víctima intentando levantar el brazo reclamando sus pertenencias...
- Venga tío, que este ya empieza a moverse otra vez. Un palazo de Manuel volvió a noquear al individuo que se sumió nuevamente en una profunda inconsciencia.
– Ha sido sin querer, ¡ja! Le gritó Manuel al hombre que sangraba sobre el barro.
- Si me hubieses ayudado antes ya estaría enterrado... exclamó Juan mientras seguía cavando apremiado por el mal tiempo.
- Ya, ya... dijo Manuel mientras hurgaba en uno de los bolsillos de la cazadora del hombre; sacó una cartera de piel con pinta de haber tenido poco uso, pero con un toque de antigüedad atractivo y poco usual. Y en tono de enfado se dirigió a Juan.
– Total, nos estamos mojando por nada, el tío capullo solamente lleva esta cartera con cien euros, una ruina tío, una ruina, así nunca vamos a levantar el negocio.
- Calla y dale si se mueve, no me gustaría tener que salir detrás de él o malgastar una bala por tus gilipolleces.

Normalmente Juan era el que ponía los cojones, para lo demás ya tenía a Manuel; si no fuese por su ingenio para sacarle partido a cualquier trapicheo ya se habría desecho de él.
- Vale, vale, desde luego; todo el mundo tiene días mejores y días peores, asúmelo tío. 
Además, no caves más, coño, ahí cabe de sobra. Juan asintió, de un salto salió de la fosa y sustituyó la pala por el pico.
- Mi cartera, dadme mi cartera... volvió a oírse al futuro finado en tono casi gutural.
- Está preguntando por su cartera el pringao. ¡Si ya no te va a hacer falta! se dirigió al pobre hombre.
- Dale el golpe de gracia y quítale la chupa si te gusta.
- No, que se la quede... tampoco hay que pasarse... contestó Juan mientras veía como el pico atravesaba el cráneo con un golpe rápido y seco.

Se acabó para aquel hombre su maravillosa vida. Una vez introducido el muerto en el agujero; lo enterraron bien enterrado disimulando en lo posible cualquier indicio de aquel acto; aunque era posible que con la que estaba cayendo quedara el cuerpo al descubierto. 
Subieron al coche y se marcharon a toda prisa. La lluvia eliminaría todas las huellas. Con cien euros poco iban a poder hacer, así que no tuvieron que discutir mucho para llegar a la conclusión de que el mejor uso que podían darle al dinero era pillarse una buena cogorza esa noche ya que no había tanto dinero como para echar un buen polvo. 
Se metieron en un bar que solían frecuentar, donde todo el mundo ya les conocía y temía. 

Manuel abrió la cartera, cogió el billete de cien euros y lo puso sobre la barra de un golpe.
- Ponnos un par de cubatas y que no falte alcohol mientras quede pasta, ¿vale? 
Manuel a veces también imponía. Su carácter tan cambiante le había hecho temerario entre quienes le conocían. Era difícil saber cuando estaba de broma y cuando hablaba en serio, ni siquiera Juan; con el tiempo que llevaban en el negocio juntos, había logrado comprenderlo y adaptarse a sus estados de ánimo al cien por cien. La mayoría de la gente prefería no tentar a la suerte. Pasaban.
- Vaya mierda. Espetó Juan al tercer cubata. 
- sólo cien euros, con eso no tenemos ni para ponernos ciegos, ¡¡¡me cago en su puta madre!!!
- Venga Juan. Intentó Manuel calmarlo; con lo bien que vestía, quien iba a pensar que apenas llevaba dinero en el bolsillo.
- Se merece estar donde está, ¡por cabronazo¡ 
- Eso, ¡por cabronazo! Volvió a exlamar Juan levantado la copa haciendo un gesto de brindis al techo del garito y apurando la copa.

Cuando fundieron el dinero se largaron a casa, borrachos, hechos un asco, tambaleándose, agarrados el uno al otro, riendo y maldiciendo a aquel hombre, mojándose, resbalando, tropezando, cayendo...
- Esto es lo que tenemos, una puta cartera. blandiéndola y mostrándosela Manuel a Juan.
- Una puta cartera, sin un puto euro; además no es ni elegante, es una mierda...
- Sí, una mierda... Y sin viruta ¿cómo coño la vamos a llenar?!!!Ese tío es un cabronazo¡¡¡ gritó Manuel de nuevo levantando la cartera en alto y gritando enfurecido...
- Sí, un cabronazo... Juan se limitaba a repetir vagamente, con embriaguez, las palabras finales de Manuel. 

El dinero les dio para unas cuantas copas, más de las que pensaban...
- Esto no vale una mier... la voz de Manuel se entrecortó al ver que de la cartera caía un billete. Se agachó como pudo y lo cogió. Cien euros.
- Pero qué... - ¡Eh, Manolito!¿De dónde coño has sacado la pasta?. Juan con más que evidente enfado se acercó a Manuel y sacando la pistola le amenazó.
- ¿no me estarás engañando para quedarte con más pasta, verdad cabrón?
- Yo…. Balbuceó Manuel. No tenía palabras, aparte de no encontrarse en condiciones para buscar algo de cordura y encontrar alguna explicación para aquello.
- No sé tío; han salido de la cartera... un atisbo de perplejidad asomó a la cara de Manuel.
- Venga, ¿te estás quedando conmigo o qué? gritó Juan tirando del gatillo para atrás y quitando el seguro.
- Déjame ver... arrebatándole la cartera de las manos.
- Yo... te juro... volvió a balbucear Manuel en tono entre confuso y acojonado. Si Juan se cabreaba era por dinero y cuando se cabreaba no perdonaba ni a su madre.
- ¿Esto que mierda es...? Al abrir la billetera encontró otro billete de cien euros.
- No había más dinero del que te dije tío, no sé de donde ha salido esa pasta; te lo juro, yo... Manuel se achicaba mientras Juan se crecía enfurecido y aún ebrio.
- ¡¡Jódete cabrón!! . 

Un disparó sonó en la noche, un trueno más entre la tormenta, un charco del suelo se tiñó de rojo al desplomarse Manuel.
- A mi nadie me engaña... ni mi padre... Justo mientras miraba el cadáver de su ex compañero por última vez. De lo que sí estaba seguro es de que se había dejado llevar por la ira y había acabado con la vida de su amigo, pero nadie engaña a Juan, nadie. Se echó las manos a la cabeza y se acurrucó junto a una farola. Se quedó dormido, con el motivo de su disputa, la cartera de aquel cabronazo, en sus manos. 
Despertó presa del dolor en el pecho fruto de un certero navajazo y vio como un sucio ratero se llevaba aquel objeto de piel que había costado la vida de dos personas. Se levantó tambaleándose y sólo supo gritar a viva voz:
- mi cartera, mi cartera... cayendo fulminado al mojado asfalto.
- Joooder, no está mal para empezar el día, cien euros...el ratero sacó el dinero y se guardó la cartera en el bolsillo trasero del pantalón, ya tenía el jornal de hoy, mañana sería otra historia...

viernes, 24 de mayo de 2019

INSOMNIA.


En insomnia conviven poetas, músicos, pintores y escritores, parias de renglones taciturnos, pentagramas difusos y pinceles indelebles. Donde las musas trasnochadoras divagan una cordura casi fingida antes de que salga el sol. En insomnia la luz del sol brilla `por su ausencia, si acaso ya a últimas horas crepúsculos del alba entrevenados con una suave brisa taciturna. País fecundo en ideas y locuras y transitorias plasmadas en folios arrugados y partituras emborronadas de corcheas y semifusas paridas a golpes de ritmo y compás; por no hablar de lienzos donde dos pinceladas nos hacen creer una obra de arte. 

El silencio es su aliado, el ruido distrae la fecundación de ideas y el parto de obras. Quizás distrae el ruido del hielo diluyéndose en un vaso de ron o el chasquido de una pavesa de cigarro a medio consumir, el artista convive con ese soniquete y no solo lo ve como algo normal, sino que lo adapta al ecosistema de insomnia. El tiempo pasa para todos sus habitantes por igual en ese país, se convierte en algo atemporal, el ínfimo instante de una nota musical o de una frase escrita puede ser un universo temporal. Como a la vez una fusa o una palabra es un golpe de cansada manecilla de reloj. Insomnia es un mundo paralelo donde convive el bipolar y el cuerdo, el listo y el tonto, el creativo y el lerdo, el rico y el pobre, el locuaz y el tímido, todos durante el día viven en un paisaje ramplón y de noche son caciques del raciocinio y de la cordura. Nadie pasa desapercibido en insomnia, su atmósfera viciada de la noche contamina hasta al mas necio, inoculándole el virus del intelecto, en mayor o menor medida, pero intelecto a fin de cuentas.  

Ese intelecto y creatividad dormido durante el día o aletargado por el estridente ruido y el somero convivir con los problemas cotidianos, que nos hacen ser durante esas horas desertores y renegantes de nuestro país imaginario. Insomnia se alimenta de grafito, tinta, pentagramas, papel, lienzo, de golpes de pincel, letras y renglones distraídos, susurros de canción. Los habitantes sabemos que no es una dieta equilibrada, o quizás sí. Pues es un país tan anárquico que no discernimos entre lo que está bien y está mal.

jueves, 23 de mayo de 2019

Fragmento de CENICIENTA'S BOULEVARD.

¿Qué serías capaz de hacer por amor? ¿Qué acto supremo harías por  despecho hacia la persona querida? La visión de los peces nadando en el estanque del jardín era su única distracción en el soleado verano. Sentía cierta envidia porque en lo más profundo de su ser quería parecerse a ellos, su modo de vida, su forma de ser ajenos a todo lo que les rodea. Pero lo que más deseaba, era hacer suyos esos tres segundos de memoria que poseían; lo fácil que hubiera supuesto para ella pasar página en esos segundos, olvidarse de todo y no recordar esos tormentosos recuerdos que la habían traído hasta aquí, pero…no es tan fácil. Demasiados ansiloliticos en forma de orfidales habían formado la espina dorsal que durante mucho tiempo sustentaron su malparado y ajado cuerpo. 

El edificio era una construcción vetusta pero no sin cierto halo de modernidad; su funcionalidad inicial fue la de hotel, rodeado de amplios jardines y parterres coloridos delimitado por el sur con un hayedo centenario y por el norte por un lago artificial de aguas de un color ocre claro. Ahora era un centro de internamiento de reclusos con problemas psicológicos; gente desechada y paria de la sociedad.El verano en Madrid llegaba  a sus albores, por el día el sol salía con todo su apogeo provocando una sensación de calor asfixiante en contraposición de la noche que era fresca, rozando la gelidez.Todas las mañanas los internos las pasaban en los amplios jardines paseando o sentados en los vetustos bancos que rodeaban el estanque.El sol pegaba esa mañana de lleno, con todo su brío. Elisa, lejos de buscar el arropo de las agradecidas sombras del hayedo, se dirigía inmediatamente al estanque, donde no había ninguna fugaz sombra; ella ajena al sol y la calima se sentaba al borde del estanque y orientaba su mirada a las pequeñas carpas de mil colores que habitaban en el estanque. Envidiaba su fingida libertad, envidiaba su efímera memoria…Era una mujer muerta, no viva. No escuchaba pero oía; no miraba aunque veía. No opinaba, porque creía. no quería, pero si amaba. No pensaba, no podía. No avanzaba y sin embargo se movía. Era una mujer que moría su muerte, un día tras otro.

No pretendas ni me quieras matar sin razón ni motivo.Más aun sabiendo que tu ambición ha viajado montada a caballo en un rabo de nube; ya simplemente para mí solo eres un cardenal y una cicatriz en mi marchito y ajado corazón. Maldito embudo de boca angosta y desordenada, ojos marchitos de carámbanos por lacrimales. Quizás me siente en el malecón a esperar que lleguen a buen puerto mis anhelos y ansias. Las ansias de una paria a la que has dejado huérfana de sentimientos. He sido prisionera de tus dedos cuando me abrazabas. He sido esclava de tus cadenas imaginarias. Algún día dejará este corazón de tener memoria de pez y ese día...Y ese día te juro amor mío que el sueño que siempre llega tardío se hará cuerpo y carne; y lo peor...será tu realidad en la que maldecirás el día que me conociste…


miércoles, 22 de mayo de 2019

SOBRE LAS LISONJAS Y ADULACIONES.

La riqueza personal, tanto la tangible como moral de una persona no es el tener a personas que te adulen y digan cosas bonitas y lisonjeras. Sinó el saber a ciencia cierta darle el valor justo según de quien y en qué momento vengan.Asimila como dogma desconfiar de aquellos que te adulan, porque es tan parecido como creer tanto en amor de putas, como en amistad de político profesional (no confundir con vocacional ni ocasional), o periodistas...Tienen forma de amigos como los lobos apariencia de perros y los linces de gatos.

martes, 21 de mayo de 2019

RUTINA EN PUNTO Y SEGUIDO.

14 de Enero: 7:00 AM, Me despierto. Entre las sábanas. Con cierta desidia y no mucha decisión decido levantarme. 8:10 AM. Me he dormido. Me despierto. Otra vez. Oigo pasos.Alguien hace ruido en el piso de arriba. Desgana. Agobio. Angustia. Me levanto. Todo me molesta. Me aseo. El agua está fría. Congelada. Café. Ascensor. La calle. El calor de las sábanas me hace tiritar. Miro al suelo. Enciendo un cigarro. A la oficina de empleo.Metro. Miro. Observo. Muchas caras. Tristeza. Siguiente parada. Más tristeza. Miradas. Infinito. No hay horizonte. Blanco y negro.Siguiente parada. Más personas. Menos espacio. Más agobio, más tristeza. Fin de trayecto. La calle. Frío. Y Sol. Me duelen los ojos. Estoy desubicado. Se donde estoy. No es mi sitio. No el que debería. Vida o cárcel.Estoy triste. Camino. Más caras. Inciso. Una mujer. Me agrada. Es sencilla. Me atrae su rostro. Desprende lealtad. Humildad. Su pelo es lacio. Dejado. Largo. Poco cuidado. Me gusta esta sensación. Se acerca. La miro. Me mira. Aparto la mirada. Nos cruzamos. Y adiós.Vuelve el agobio. 

Es tarde de nuevo una luz ilumina mi cuarto durante un breve instante, empiezo a contar 1,2,3,4,…36 segundos y escucho por fin el trueno, es demasiado lejos, no los veré en verdad, hace ya 10 años que no veía una tormenta, una noche tan hermosa como esta es rara, muy rara. La lluvia cae y el sonido llega a los huesos, el problema es que estoy solo, solo tratando de ver que es lo que hago, una noche hermosa y no tener con quien compartirla. Víctima de la desesperación y el agobio me quedo dormido.  

15de Enero: 7:00 AM. Me despierto. Entre las sábanas, con cierta desidia y no mucha decisióndecido levantarme. 8:10 AM. Me he dormido. Me despierto. Otra vez. Oigo pasos.Alguien hace ruido en el piso de arriba. Desgana. Agobio. Angustia. Me levanto. Todo me molesta. Me aseo. El agua está fría. Congelada. Café. Ascensor. La calle. El calor de las sábanas me hace tiritar. Miro al suelo. Enciendo un cigarro. Al parque con los amigos.Metro. Miro. Observo. Muchas caras. Tristeza. Siguiente parada. Más tristeza. Miradas. Infinito. No hay horizonte. Blanco y negro.Siguiente parada. Más personas. Menos espacio. Más agobio, más tristeza. Fin de trayecto. La calle. Frío. Y Sol. Me duelen los ojos. Estoy desubicado. Se donde estoy. No es mi sitio. No el que debería. Vida o cárcel… Simplemente rutina.



lunes, 20 de mayo de 2019

ENTRE GIGANTES Y ENANOS.

No sé si serán los años, o los daños, o ambas cosas unidas; pero últimamente en los escuetos ratos que consigo conciliar el sueño solo me sacude una ensoñación como dirían algunos, o una pesadilla como dirían otros. Todo es depende con el cristal en que lo observamos, el rasero en que se mida y la romana en que se sopesen las cosas.

Sueño que estoy en una pradera inmensa en la que la vista no discierne el final de ella; la hierba es de un intenso color verde salpicada de motas amarillas por la cromática de las flores. El viento hace moverlas ante mi vista como olas en mar embravecido; acompasadas unas veces, desordenadas otras. 
El viento sopla frío en mi cara, un viento gélido que produce picazón y dolor en la piel. Con la mirada busco el sendero que me llevará a la montaña. Inmerso en mis cábalas y caunadas mentales cuando me quiero dar cuenta estoy cruzando un bosque negro, de un negro zaino como la boca de un lobo; plagado de árboles retorcidos, de arbustos quemados y piedras puntiagudas al haber sido quebradas por el calor del devastador fuego producto del incendio de hace días; piedras que se hunden en la carne de mis tobillos. 

Tengo Miedo, frío y sudor... Corro. No sé dónde voy pero tengo que llegar y ¡tengo que llegar ya!. Corro durante un tiempo indefinido; no se cuantificarlo aunque empiezo a jadear y toser, Tropiezo y me caigo. Al levantar la vista lentamente, diviso la entrada de una ciudad enorme, gris y sucia. Al entrar por su avenida principal todo crece alrededor de mí por momentos y me agobia, me rodea; gira en torno a mi ser y me roba el aire, da vueltas y me aplasta. Un mundo de gigantes y yo pequeño. La gente de la ciudad es afilada, manchada de orgullos y prejuicios; gente mellada. Solo puedo buscar un sórdido callejón lejos de los transeúntes y tumbarme de cúbito supino y gemir, gemir como un perro desangelado en el rincón de una ciudad gigante.

Lloro y gimoteo; pero como si de un flash mood se tratase mi raciocinio me hace darme cuenta de que no tengo porque, de que yo soy más grande, más fuerte y más listo; de que puedo hacer lo que quiera porque soy el dueño de mi mundo ,solo basta creérmelo. 
Entonces decido dejar la ciudad, escapar de la miseria y del olor a humanidad podrida, de sus habitantes; seres gigantes y enanos entrevenados que me persiguen intentando hundirme en su podredumbre, que tratan de agarrarme con sus pequeñas manos afiladas por un lado y sus colosales garras por otro para alistarme en su ejército de uniformados urbanitas. 

Vuelvo a la montaña, alta y majestuosa, fría y solitaria, bella y atrayente, poderosa, irresistible. Escalo, yo no soy un gigante, ni tan siquiera un ser nimio; soy parte del mundo. Ya mis huesos son piedra y mi carne arena, y ya sin dudas mis ojos estrellas. La cima, lo veo todo; ahora todo está claro. Ahí abajo esta la ciudad con las pequeñas figuras, con sus pequeñas palabras y sus enormes problemas. Se mueven, se besan, disfrutan, se odian, se matan. Yo mientras tanto miro al cielo. Amanece y el cielo se inflama de millones de tonos rojos. Me siento abrumado por la belleza. Es enorme y me oprime. No la resisto y me lanzo al barranco.