viernes, 31 de enero de 2020

UN KILO DE TOMATES.

Era el momento en el que le tocaba el turno al joven, había esperado 12 largos minutos para que lo pudieran despachar en la tienda de comestibles. La cola de personas llegó a salir de la misma puerta en un momento crítico. Pero ya le tocaba el turno, se acabó la espera y el pasar el calor que había en aquella plena época veraniega.
 
-Usted dirá, ¿Qué le pongo?; Preguntó el obeso dependiente.
-Me va a poner un kilo de tomates de aquellos que están mas duritos; Dijo señalando a una de las distintas cestas de tomates que tenían. La cara del dependiente cambió de sonrisa pobre a seriedad total. Seguidamente miró a todos los clientes que esperaban, el hombre no tenia cara de mucho aguante, se le veía triste y deprimido pero con un son de cólera fija en su feo rostro. Después miró al joven cliente y se dispuso a hablar.
-Creo que yo soy lo suficientemente capaz para saber que tomates le debo dar a usted y cuales no darle… llevo muchos años en este trabajo y me he criado en las huertas, se diferenciar el tomate que es natural del que no lo es con solo verlo de lejos, y si usted me dice que le dé tomates duros… yo sé de donde cogerlos y cual darle. Pero no me diga que tengo que coger aquel de allí porque a usted le apetece.
 
El Joven intentaba calmar un poco la situación pero el tendero no dejaba apenas hablar y cada vez su tono de voz subía aun mas.
-¿Qué piensa? ¿Qué los tomates que usted no quiera o no quiera aquel o el otro… me los voy a tener que comer yo?? De eso nada. ¿Quiere tomates? ¿Un kilo? Ahora mismo se los pongo; Dijo el tendero mas enritado en si mismo.
-Alto, alto! ¿Qué es lo que le pasa? No he dicho absolutamente nada para que se ponga así. Únicamente he pedido un kilo de tomates duros de aquellos; Dijo el joven señalando al cesto que el quería. Nada mas al tender la mano en dirección al cesto, el tendero se quedó como parado y fijo en mirada hacia la mano del joven. Después empezó a sudar y los demás clientes al ver la reacción del tendero optaron por irse. 

Al empezar a retirarse la gente de allí, el tendero cambió la vista hacia los clientes. El observar como se iban de su negocio lo puso aún más furioso. El joven se quedó allí parado en señal de protesta y sobre todo llevando la razón ante el orondo frutero, aunque no sirviera para mucho.
-¿Has visto lo que has hecho? Me quieres arruinar mi negocio, mi vida, mi familia; Dijo el tendero sumado en odio
-Mire, ni siquiera se porque sigo aquí… si… si lo sé. Estoy aquí porque he venido a hacerle la compra a mi madre y me siento incomodo, y usted se está complicando la vida de una manera absurda e ilógica; Decía el joven tranquilamente intentando hacer razonar al tendero.
-¿Qué trabajo le cuesta a usted darme tomates de aquellos? volviendo a señalarlos con el dedo.
 
Después del ademán, el tendero volvió a quedarse con la mirada fija en la mano. Una vez más el joven señalaba a la cesta que el deseaba. De repente, para el tendero todo se le vino como a cámara lenta, su mirada era mas lenta y la cara hizo un cambio a una leve y baja sonrisa. El joven no entendía nada. Pero aquella sonrisa sin más lo asusto un poco.
-Mire, no se preocupe, no se moleste, me voy a otra tienda, adiós; Dijo dandose media vuelta para salir por la puerta. El tendero no dijo nada, justo en ese momento entró una mujer rápidamente en muestra de su prisa y se acercó a la barra del dependiente.
-Verá es que tengo un poco de prisa, se me ha ido el santo al cielo y encima tengo visita en la casa, me va a poner un kilo de tomates maduritos de aquellos; Dijo la señora señalando al uno de los cestos de tomates. El Joven estaba saliendo por la puerta, pero al escuchar la petición de la mujer se quedó parado intentando observar y ver la reacción del tendero. El tendero estaba aún callado y parado desde que terminó de hablar con el joven, y después miró a la señora, y al señalar observó fijamente y detenidamente su mano. Estaba absorto y no respondía. La señora se dio cuenta de su silencio y volvió a hablar.
-Oiga… ¿no me oye? Tengo prisa caballero, ¿me pone el kilo de aquellos tomates?Y volvió a señalar la cesta que los contenia. Al volver a mirar la mano fija y señaladora de la mujer, volvió en si mismo y reaccionó. -Perdone señora, ahora mismo; Dijo extrañamente el tendero y se dispuso a buscar los tomates. El joven no entendía nada.

Lo único que podía entender es que el tendero era un loco de atar. Así pues, siguió camino intentando buscar otra frutería y cada vez se alejaba mas de la que acababa de salir.
Al cruzar una calle no muy lejana se escuchó un disparo como de escopeta, se hizo el silencio y en breve, apenas unos 10 segundos, se escucho otro. No se escuchó nada más. El joven se quedó parado por unos segundos, pero en ningún momento miró atrás ni fue a la frutería. El sabía que había pasado mejor que cualquier detective o agente de policía. Simplemente volvió a su casa y dejó los tomates. Ese día no era un día para comer tomates precisamente.

TODOS.

¿Quién habrá de darte esa mano para ayudarte a vencer al lobo? Vivo en el continuado y angustioso  sueño de ser y no parecer, de consumir fuerzas y vida y no vivir. El precio que se paga es que tendrás que darle tu alma a ese remedio que no valora un gramo de tu existencia para mantener tu carne con vida, que en el fondo sabes bien que no puede sino hundir tu fortaleza en el fondo de la más nimia expresión. 

Es que he aprendido a percibir la vida que vivo ahora en colores que los colores de la vida vivida anteriormente. He aprendido que el sueño no es sino el canalizador de mi deseo más profundo, mi ilusión más próxima, mis anhelos emergiendo para al momento difuminarse en mi mente como estrellas fugaces iluminando extensos cielos.

Vivo y revivo aún más, lloro y río porque en el sentir encuentro paz, porque mi sentir tira afuera para llevar adentro. Y de ello no me privo, no me ciego, no me duermo.
Despertar cada día y emocionarme. Necesito la imperiosa necesidad de llamar, contar, conseguir garantes y verdaderos guardianes de mi vida y hacerme guardián de la vida de ellos.
A fin de cuentas, todos somos un yo.

miércoles, 29 de enero de 2020

AMORES TOXICOS.

Por fin su vida tenía una estabilidad que él desconocía hasta entonces, ella había dado sentido a su vida. Pero ahora... Ahora era distinto. Sentía que con el paso del tiempo esta relación le estaba ahogando, se sentía prisionero, no estaba ya tan a gusto, en los últimos tiempos las cosas habían cambiado, había muchos silencios entre ellos y ya no era igual, pero claro, temía confesárselo, siempre había sido una persona muy indecisa, y en eso ni siquiera ella le había hecho cambiar. Sin embargo, estaba decidido, iba a terminar esto, y de forma fulminante. 

Habían quedado para esa tarde, como siempre (y desde hacía unos meses ya le era demasiado rutinario) a las cuatro de la tarde. Esta vez ni siquiera se arregló; la decisión la tenía tomada, tenía que acabar con ella y además de forma drástica; Cogió un hacha que tenía guardada en el desván, entró en la habitación y esperó. Aun le asaltaron unas dudas, pero estaba dispuesto a terminar con aquello para siempre. De repente... Apareció ella, él levantó el hacha y le asestó un golpe certero, todo había terminado.
Solo le dio tiempo a ver en la pantalla el: “Pepi acaba de iniciar sesión” ; Después los restos del ordenador yacían esparcidos por el suelo.

martes, 28 de enero de 2020

FRÍO.

Aun estando el mes de enero en sus últimos estertores, en nuestro lar estamos en manga corta y las ventanas abiertas. Ambos  sintiendo como el poco calor que nos queda va creciendo cuánto más nos acercamos. La mentira ya descubierta de fingir ser valientes y del no pasar frío es la excusa perfecta para que mis manos rocen tu piel suave, haciéndola estremecer  en cada caricia. 

Mis mejillas comprenden el lenguaje de tus labios que se postran sumisos ante ellas. Labios que juegan a provocar como tu solo sabes hacerlo, consiguiendo hacerme vibrar, incitarme a girar mi rostro para encontrarse con los míos. y así sucede. ajenos al entorno que nos envuelve y al mundo exterior; aunque fueran tan solo 5 segundos, me haces sentir vivo,  feliz pero cansado...

Mientras seguiré recordando como mi mano pasaba inadvertida cual furtiva por tu cuerpo. Como tu mirada penetraba en mi mente y nuestras más sinceras palabras eran contadas mientras palpábamos nuestras carnes que irradiaban vida. Como el frío reinante nos permitió sentir el calor más intenso jamás vivido. Como sigue el juego en aquel lugar tan privado, y tú, te prestabas, te entregabas. Siempre.. nos quedará.. me quedará.. tendré.. esa suerte de vivir, de crear, de moldear, idealizar, poetizar. 

De imaginarte, como eres y como quiero que seas conmigo. Lo que me des será lo que nunca he tenido. Lo más preciado, el sugerir.. es que no puedo olvidar ésa boca.. y aunque ya no sea real, no importa!Voy a empezar a vivir  de nuevo, a trasnochar, a pasar noches despierto y días enteros durmiendo. 

Y ahora me envuelvo en mis recuerdos, en aquella esquina, con la ventana de atrás abierta, para pasar frío, hasta que el instinto me acerque ha experimentar de nuevo un placer vedado; pero vivido y no olvidado. Impotente, pero lleno de fuerza, voy a esperar o ¿mejor me muevo? No, no hace frío, nosotros somos fuertes.

lunes, 27 de enero de 2020

AMOR VERSUS ODIO.


El amor es un sentimiento que muchas veces nos cohíbe por culpa de las contrariedades, que nos atormenta. Un sentimiento que logra llevarnos de un extremo a otro, nos puede elevar a los placeres que nos otorga un velo de ceguedad; o por el contrario nos puede hundir en el hoyo de la desesperación. El amor sin obviar por supuesto la compasión, es sin miedo a equivocarme y sin lugar a dudas el más grande, el mas fuerte y el más hermoso de cualquiera de los sentimientos; tiene el don de ser inoportuno, tiene la dádiva de hacerte soñar, te ofrece momentos mágicos y muchísimas veces irrepetibles. 

El amor te hace creer en un destino prefijado, el te hace ver que todo tiene un sentido, te hace ver que cualquier emoción que sientas, que cualquier acción que hagas  tiene una base, que todo está planeado así, para un destino que solo tú puedas alcanzar. Lo terrible es que ese sentimiento tan maravilloso, al ser también el mas enérgico y fuerte, se puede tornar odio. Y lo peor de todo es que no tiene por que ser odio hacia otra persona, puede ser odio hacia ti mismo, odio hacia las circunstancias que te rodean, odio a lo imposible, odio a que quizás sea verdad que no merezca una lucha tu cariño. Tanto el amor como el odio son sentimientos que consiguen impregnarlo todo, las canciones, los lugares, los momentos del día, la ropa, cualquier objeto, cualquier lugar, cualquier pequeñez está impregnada por causa de un amor, en unos momentos puntuales y por el odio en otros,  aunque no le cojamos el sentido a tal hecho, lo tiene, en el fondo todo tiene un sentido aunque aparente no tenerlo. 

Los sentimientos son una báscula que solo nosotros podemos equilibrar, ¿Se atraen los extremos opuestos? ¿Nos llama más la atención algo que parece difícil de obtener? Ante esas preguntas siempre daremos una respuesta afirmativa. Justo en el momento que nos infringen mas dolor, es cuando nos preocupamos mas por esa persona, cuando obtenemos rechazo, es cuando más queremos luchar, y por el contrario cuando vemos que se nos valora mucho, es cuando nos creemos imprescindibles, momento en el cual pensamos, que ya se ha obtenido ese preciado tesoro después de tanta lucha, es un circulo...Va en el genoma humano, es un circulo lleno de dolor y marginación porque muchas veces nos damos a valer justo en el momento que no es necesario, y quizás también con quien no debemos mostrarnos así.

Simplemente con una sola palabra, gesto o por el contrario una mala acción, el sueño del amor se puede tornar en la pesadilla del odio, muchas veces es a nosotros a quien odiamos, mas que a la otra persona, mas dolor causa si la imposibilidad de tal amor es por causas ajenas a nosotros, no tiene por que ser malo coger lo más fácil y no optar por el verdadero amor, los gritos de auxilio, las llamadas de necesidad, los lamentos por frustración... Son fantasmas que nos rondan, en esa ocasión es cuando lo mejor es ser precavidos y cautos para que no se acomoden en nuestros corazones. 

Cuando tienes el amor que deseaste con tanto anhelo, agárralo con fuerza, lucha por él, ya que así, cuando observes el pasado, te podrás basar en que lo has hecho todo para no perderlo, habrás movido tierra y mar por ese amor, y quizás entonces veas que, es mas importante haber estado enamorado con sacrificios, que seguir amando sin ellos. Enorgullécete por darlo todo, y prepárate para seguir dándolo.

sábado, 25 de enero de 2020

PENSANDO, ESPERANDO... RECORDANDO.

Sentado en una silla de mimbre, Marcos medita su vida. Sus ojos ya cansandos y dolidos van mirando a su alrededor; como se va muriendo la casa, vieja y rota. Y piensa para sus adentros, para no romper ese silencio y dejar que siga la monotonía de las horas silenciadas:
Si mi casa sonriera; Si mi casa renaciera, yo no me moriría entre sus viejas paredes y suelos desconchados, viviría. Y con una sonrisa entre sardónica y fúnebre cierra los ojos, para rogar que la parca venga de una vez y se lo lleve en sus brazos...
Sentado, pensando, esperando... No sería la primera vez que se parara a pensar... Eso no es lo que le distorsiona. Pero sí es verdad que hacía tiempo que no recapacitaba en lo que pensaba, en lo que esperaba... todas esas veces ahí sentado. Otras andando entre edificios; Paseando  en el coche o sobre la arena de la playa, mirando la Luna, la forma que curiosamente queremos e imaginamos todos que tomen las estrellas... Esas que forman una barra perpendicular a la Tierra. Esas que tantos recuerdos le traen que tantas cosas le dan que pensar... Y por esa razón para tanto en el camino, y parece a los ojos de la gente despistado y adormilado. Y es que para que vivimos tantos años si no son para disfrutarlos. Para que uno pueda tener su cabeza repleta de imágenes, de palabras, de preciosas caras, de hermosas gentes, y de buenas Almas...

Si uno pudiera tener el don de volver la cabeza atrás, y recordar, pensar que tiempos pasados fueron mejores, con la sola idea de hacer un futuro inmejorable... Y sí, puede que mañana un meteorito nos parta la crisma... Sí! Yo estaré mirando al cielo sonriendo y con lágrimas resbalándome la mejilla. Y gritando que he sido Feliz! Que quiero volver a vivir! Que esta vida se me quedo corta. Y decirle al que mande en todo esto ( si realmente existe aunque lo dudo), que en la próxima vida quiero seguir siendo yo... 

Me encantó ser yo mismo, le diré. Porque todos y cada uno de los segundos de este tiempo que alguien inventó, los viví a mi manera, a la manera que nadie me enseñó a vivirlos. Entre logros y fracasos me curtí, y se que no soy nada ni nadie. Y es que nunca quise ser alguien. Nunca me imaginé en un futuro, escrito mi nombre por alguien en un libro. Nose... Y es que no nos perderemos con el tiempo cuando ya no estemos aqui. Por que cuando yo desaparezca, seguro que alguien se acordará de mi. Pero que pasará cuando desaparezcan las personas en las que calamos bien hondo?. Nose... Me gustaría pensar que todas esas cosas, nuestros nombres, la familia, nuestras cosas, nuestras risas, nuestras imágenes... Todas estas piezas de puzzle que forman nuestras vidas permanezcan en algún lado, en el aire; y que cada no se cuanto tiempo aparezcan de nuevo, y de manera extraordinaria se vuelva a vivir lo que cada uno de nosotros vivió en su momento. 

Que se vivieran de nuevo nuestras vidas... Ufff, esa sería la cosa más maravillosa que podía pasar con nuestros recuerdos, y con nosotros... Pero, sería posible que ya nosotros fuéramos los recuerdos de otras almas? Sus imágenes, sus momentos, sus cosas. Sería tan posible como que mis manos escriben estas letras, tan posible como lo siento... Y que extraño es todo... Pero que extraña belleza verdad?. ...Y a los que os parecía que estaba ausente o adormilado, no, no era así; Estaba pensando, esperando y recordando...

viernes, 24 de enero de 2020

MELANCOLÍA.

Recuerdo aun nitidamente cuando mi mirada era un pozo que rebosaba el frío néctar de la desilusión. Un mar gélido de olas blancas rompían contra mis párpados cansados y se convertían en negras producto de las mortecinas ojeras y la luz de mis ojos se apagaba lentamente como la llama de una vela en el frío invierno. Quería esconderme de todos y de todo, ser una sombra mas entre el maremagnun de siluetas oscuras que se pasean por la ciudad. Me atrincheré en una delicada pero a la vez cruel melancolía; en una nostalgia y recuerdos de besos nunca dados. 

Y fui feliz en ese estado al sentirlo como un efecto placebo muy reparador, evitando en lo posible cualquier contacto con los demás.Salvo sanas y contadas excepciones, nadie pisaba mi casa, ya de por sí inaccesible... Era incapaz de amar a nadie ni tan siquiera a mi mismo. Y sin embargo, tampoco podía desistir de que mis recuerdos perdurasen en mi memoria. El carmín de sus labios ahora no es más que un sueño. La nívea piel que cubría sus pómulos era un cuadro sin acabar. Pero los sueños se me difuminan y tienden a romperse en mil pedazos; aunque en realidad se rompieron hace ya mucho tiempo. Creí encontrar la felicidad en ese tramo de gloria y no halle más que un capitulo triste en mi existencia.

Recuerdo cuando los días no se pintaban siempre con los colores que uno quería, me levantaba cada mañana con la tristeza colgada en mis párpados, ir directo al baño a mirar en el espejo y observar mi figura desgastada por el hambre inconmensurable de mi lobo, mi piel pálida y mis ojos reflejando una noche mas de insomnio; de como maldecía mi debilidad. Deseaba ser una roca en ese mismo instante; o mejor, ser un ave, para volar y sentir por un instante la sensación de libertad y sacudirme la sensación de que estaba preso en mi propio dolor. Mi mente no paraba, siempre venían las mismas palabras, canciones, momentos, recuerdos... En definitiva; me embargaba la melancolía.

Palabras que se esfumaban en la nada y quedaban empañadas en mi mente. Me autoengañaba para poder mantener mi posición de autodefensa contra el cánido y no demostrarle ni un mínimo atisbo de debilidad, llevar mucho tiempo así te lleva a creer conocer a gente y piensas que todo lo que sueltan sale de dentro por que así lo sienten. El problema de conocer gente por necesidad es que te llevas los golpes sin haberlos provocado. Ahora no creo en nada ni nadie, sólo los que me rodean son los que se han ganado mi confianza. Esa batalla si me la ganó en buen alid el lobo; la de Jamás confiar a nadie mis sentimientos o por lo menos intentar ponerme una barrera. 

La melancolía te hace hablar en silencio contigo mismo cuando crees que tal sentimiento nadie lo escucha ni lo ve, que nadie se fija en ello. Un sentimiento agridulce que no debería mostrarse a los ojos de la gente; que deberían permanecer ocultos, en silencio. La melancolía escucha el murmullo de estómagos vaciándose, no solo de comida sino también de ilusiones. Como Se vacían de sentido, se pierden los anhelos e ilusiones y nos condenan a ser esclavos de nosotros mismos. he conocido personas que empezaron a creer en ella al ver una sonrisa, y otros tantos, ingenuos ellos, lo hicieron al creer observar que tal sentimiento se hacia cuerpo, y la cruel realidad es que ahora todos ellos se consumen bajo tierra. Los sentimientos de ojos esmeraldas son pasto de las tinieblas. Los de melenas de oro se funden bajo las piedras. 

La melancolía solo puede llenar cuerpos de lo que las mantiene en pie,y les arrebata ese mundo por el que tanto han luchado. En definitiva siento pena y a la vez empatía por el que ahora padece algo ya olvidado en mi que se llama... Melancolía.

jueves, 23 de enero de 2020

LA VIDA SE ABRE PASO. (La fortaleza de Lourdes)


En la vida todo efecto tiene una causa, toda acción genera una reacción, pero cuanto menos no hay que ser catastrofista, la reacción no tiene porque ser mala, pero tampoco gocemos de demasiado optimismo, la reacción no tiene porque ser siempre buena, debe existir un ten con ten. Digo esto para aquellos que crean en un futuro mejor, y otros que atesoran una reacción pésima ante ello. 

El mundo empieza a clasificarse en dos tipos de personas, los catastrofistas que piensan que todo el mundo va a dar al traste en poco tiempo, y los demasiado optimistas que creen en un futuro mejor, unos y otros tienden a perderse el momento. Luego estas los que desechan plantearse el futuro malviviendo el presente y no se plantean ninguna estrategia, ni ninguna razón de ser, para ellos pasa el tiempo, como si no pasara, así desperdician el presente y el futuro. Los hay que piensan que el futuro y el presente pueden llegar a ser iguales, las necesidades de hoy, son las mismas que las necesidades de mañana, y viceversa. Se puede hablar de la muerte, o del amor, durante años, y cuando llegue el momento, ¿realmente se esta preparado para afrontar esos envites? Pero eso a Lourdes ya no le importaba, lo suyo era la vida en el más puro de sus conceptos. 

Vive en la creencia errónea  de que quien se complica demasiado la vida es alguien que no está preparado para vivirla, quien no teme perderla, habitualmente es porque no tiene nada que perder.Lourdes miraba por la ventana, la vida la veía magnifica ahí fuera observándola desde su atalaya, Una sonrisa de oreja a oreja iluminaba su cara, la enfermera le estaba saludando desde el jardín y en breve subiría a por ella para dar su paseo matinal. Lourdes tenía una discapacidad funcional, era incapaz de moverse por su propio pie, e incluso estuvo a punto de llegar al suicidio por ello. Durante mucho tiempo vivió agobiada rallando la desesperación acordándose de lo feliz que era cuando se podía mover, recordando lo feliz que era  paseando por el parque del retiro, perderse por la urbe Madrileña o retando a una carrera a su amigo Alberto, quien ahora, se esforzaba en no llevar las zapatillas de deporte cuando iba a visitarla para no remover dentro de ella los miedos ,agobios y fantasmas en la que Lourdes a voz en grito maldecía el día que quiso ser militar, a pesar de que el momento había ya pasado.

Todos los que han perdido algo importante en la vida, tienen un momento en que su subconsciente le hace que deseen la muerte más que la propia vida, porque se imaginan una existencia inútil y penosa sin lo que han perdido, ese momento puede durar mas o menos según las circunstancias y la persona. En su caso duró casi un año, ella durante un año estuvo pidiendo la eutanasia, pedía que se le quitara ese sufrimiento que la tenia encarcelada, que le cercenaba sus ansias de vida, pedía una "muerte digna"… Hubo un tiempo, en que cuando se alistó lo digno era "morir por la patria", pero ahora, parece que para ella las dignidades han cambiado de acera. Morir inútilmente, por cobardía ante la vida es digno, pero morir por defender tu país es otra cosa, es de orates o de mentes bucólicas, muy propias para engrandecer el estéril ego de militares y patriotas. 

Pero ahora en su mente pesaba otro pensamiento más profundo en su cabeza; ¿que se ganaba con su muerte?, prácticamente nada, después del año pidiendo su muerte, estuvo otros dos, pidiendo perdón a sus amigos y familia por haberlo pedido tan vehementemente. Las circunstancias cambian, siempre lo hacen, adaptarse a las nuevas circunstancias era lo esencial, de haberlo descubierto antes, muchas otras cosas se habría ahorrado. Ahora si le preguntamos cuál fue la razón de su cambio, la respuesta es clara: "existo porque tengo una razón para existir", simplemente eso, existir porque se necesita que exista, porque soy útil.Durante mucho tiempo por desgracia, la sociedad ha llegado a marginar a los que tienen algún defecto que los hace diferentes, en el caso de Lourdes, ahora procura adaptar las circunstancias para hacer accesible las cosas a sus necesidades. Las cosas cambiaron afortunadamente para ella, pero todavía piensa que queda mucho por cambiar, aun hoy, Lourdes a su modo de ver existe una línea imaginaria, abominable e indefendible por sus adláteres para marginar a aquellos que sufren una discapacidad funcional. La incomprensión.

Mientras pensaba en esto, el paseo con su enfermera había terminado, se despidió de ella hasta el día siguiente y asiendo fuertemente las ruedas de su silla se dirigió hasta la sala de usos múltiples donde seguramente la esperaría Alberto, recorrió el pasillo deseando verle, le quería muchísimo, el era pieza clave en su cambio de mentalidad y en un futuro, compañero suyo de por vida. Había estado para lo malo, ¿Cómo no desear estar con él para lo bueno?Al girar al final del pasillo justo en frente de la habitación que hacía de veces de oficina de atención al discapacitado funcional encontró a un chico sentado en una silla de ruedas similar a la suya, salvo que de cintura para abajo estaba tapado por una especie de mantita. La cara de chico denotaba tristeza, Lourdes por un instante se vio reflejada en ella e intuyo que pasaba.
- ¿Que te ocurre? Preguntó Lourdes para romper el hielo.
- Acabo de perder las piernas, no puedo vivir así, yo me preguntaba si tú que llevas mucho aquí me podrías decir de algún medico que... Por el tono ella adivino el resto de la pregunta y poniéndole la mano en el hombro le dijo:
- Tu causa es perder las piernas, tu efecto ¿debe de ser la muerte?

miércoles, 22 de enero de 2020

¿APRENDER O ENSEÑAR?

Existe una antigua leyenda sufí, según la cual antes de venir al mundo; aún estando en el seno materno, los seres humanos conocemos el número exacto de estrellas del firmamento y el de granos de arena de todas las playas del planeta. Sabemos todo acerca de los mares y de los cielos; de la historia del hombre, y poseemos las respuestas a todos los misterios que espolean la imaginación de la humanidad desde hace milenios. En el momento en el que nacemos; un ángel  desciende sobre nosotros, nos sella la boca con su dedo índice y extrae mediante él, todo el conocimiento almacenado en nuestras cabezas, mientras nos susurra al oído: "¡Ssshh! ¡No cuentes lo que sabes! ¡Olvida todo! ¡Aprende!".

Dice la leyenda que la hendidura que todos tenemos situada entre la nariz y el labio superior es el lugar en el que el ángel pone su dedo: la marca de nuestro ángel.Si creyésemos la leyenda podríamos llegar ha pensar que algunos ángeles estuvieron un tanto despistados o mas bien tuvieron un exceso de celo en su cometido ya que; además de extraernos el conocimiento almacenado, a un gran numero de personas sus ángeles les privaron de las habilidades necesarias para recibir, procesar, asimilar, responder o comunicar información, con la consiguiente injusta merma psíquica de poder afrontar las dificultades para aprender y usar ciertas destrezas, como la lectura, el habla, la ortografía, la audición, el razonamiento o la comunicación verbal. 

Esas dificultades pueden resultar de una discapacidad para el aprendizaje.Quiero suponer acertadamente que estas personas han tenido que esforzarse mil veces más que los demás en aprender aquellos conocimientos que ya poseían antes de su nacimiento según los sufíes, por culpa de un descuido caprichoso o de la desidia de sus ángeles de la guarda, y como mi ánimo Quijotesco, que es muy dado a la ensoñación y la fantasía, me lleva irremediablemente a querer creer en mejores historias que esa. Prefiero pensar que; en realidad, son las personas discapacitadas, cual ángeles terrenales en prácticas, las que nos ayudan a nosotros a aprender a diario aquellas cosas que no descubrimos en la escuela, en los libros o en el global de la vida. 

De ellos aprendemos la capacidad de sorprendernos por lo cotidiano. Aprendemos a tener paciencia en un mundo que se rinde a las prisas. Aprendemos a amar desinteresadamente en una vida en la que solo priman los intereses. Aprendemos a tener tesón y constancia en un mundo que premia la rapidez. Aprendemos a valorar los pequeños logros en un mundo tan cruel en el que solo los mejores, los número uno, son valorados. Aprendemos ha entusiasmarnos por lo sencillo cuando muchos están de vuelta y creen saberlo todo. Estoy segurísimo que los sabios sufíes olvidaron añadir esta parte a su leyenda; aquella que dice: los ángeles seleccionaron a unos elegidos para susurrarles al nacer: "¡Enseña!"

martes, 21 de enero de 2020

PENITENTE SOCIAL.

Cuando José Martínez se despertó una mañana
después de un sueño intranquilo, lo primero que observó es que se encontraba sobre un lecho de periódicos convertido en un indigente. José no acaba de creérselo, aquello no tenía explicación. Entonces pensó que era una de esas veces en las que no estás ni despierto ni dormido y todavía no distingues muy bien la realidad. Pero pasaron los segundos y se dio cuenta de que esa horrible pesadilla no se disipaba. Permaneció unos segundos inmóvil, asimilando, y de pronto se levantó enérgicamente, irguiendo el torso sin ayuda de las manos, como el que, por la mañana, observa el despertador y se da cuenta, exaltado, de que llegará tarde al trabajo. Su respiración era rápida y entrecortada, y los gestos bruscos.

De un manotazo apartó la sección de deportes que cubría sus piernas. Pudo ver entonces las zapatillas agujereadas en la parte correspondiente a los dedos gordos de cada pie y los vaqueros andrajosos llenos de orificios por donde entraban oleadas de aire frío que le calaban hasta los huesos. Pero sobre todo vio la mancha. Una especie de cerco amarillento de forma más o menos circular invadía los pantalones en la zona de la cremallera y alrededores. Pasó histérico la mano por encima del cerco haciendo ademán de querer quitársela, pero todo esfuerzo fue inútil, la mancha llevaba allí mucho tiempo, más que él, y estaba claro que allí iba a quedarse. Al ponerse de pie, José se percató de que estaba en la entrada de una tienda de ropa. La tienda tenía un pasillo central con escaparates a derecha e izquierda y múltiples artículos mostrados en ellos. 


Miró atentamente uno de los escaparates y no se reconoció en el reflejo. Alarmado se dijo a sí mismo que tenía que recuperar su identidad, su vida anterior. El no era esa persona que se reflejaba en el cristal, pero, ¿quién era entonces? No encontró respuesta. No recordaba haber sido otra persona. No recordaba nada. Una extraña sensación le subió desde el estómago al pecho, se sentía bloqueado, sin saber qué hacer. Sin apenas darse cuenta y sin dejar de verse en el escaparate, se echó a llorar. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas y descendían imparables hacia la barbilla. Tras secarse el mentón, José pensó que tenía que tomar una determinación. Pero antes de que pudiese recapacitar notó que su estómago rugía como una pelea de gatos, estaba muerto de hambre. Metió las manos en los bolsillos del pantalón en busca de dinero o algo que llevarse a la boca, pero lo único que consiguió fue ver salir sus manos por la otra parte del bolsillo.


Inmediatamente se dirigió a la calle para resolver su problema alimenticio, y al ver a una señora de aspecto y porte señorial unido a andares altivos creyó tener solucionado su problema:
-Señora, ¿sería usted tan amable de prestarme algo de dinero? Preguntó José en tono que demostraba cierto grado de educación.
-Lo siento hijo, pero no. Lo cierto es que he quedado con unas amigas para ir de compras y llego siete minutos tarde. Además, tengo el monedero en el bolso y no me apetece cogerlo, correría también, en ese caso, el riesgo de que me lo robases, eso por no mencionar el hecho de que despides un olor nauseabundo. José se quedó atónito con la respuesta de la señora, todavía no había acabado de encajar su réplica cuando un mendigo que tenía un muñón en su brazo derecho se aproximó a él y le dijo:
-Oye, ¿Tienes algún defecto físico? Preguntó en tono intrigante.
-¿Cómo?;José le miró sorprendido por la pregunta.
- ¿Que si tienes algún defecto físico?… yo que sé… una chepa muy pronunciada, una pierna mutilada… bueno, eso ya veo que no… eh… alguna cicatriz que dé mucha grima y asco verla… ¿entiendes?
-No, no entiendo. Contestó José sin saber realmente la pregunta del mendigo del muñón.
-Pues que sea como sea tienes que dar pena, sino nadie te va a dar ni un puto céntimo.
-¿No te parece que doy pena? Preguntó José mirándose y gesticulando las manos de arriba abajo.
-No; respondió secamente el mendigo tras examinarlo de arriba abajo.
- Das asco, pero no pena. La clave está en dar pena, hacer que la gente se sienta culpable, que se sientan mal por ser afortunados, ¿entiendes?
-Pero yo no quiero que la gente se sienta mal, sólo quiero salir de esta situación.
-No hay otro modo amigo, la culpabilidad es la clave. Además tienes que servir de pena social. Tal y como estás ahora pareces un vago, un estúpido que nunca hizo nada. Pero mírame a mí, la gente que me ve por la calle va pensando en sus problemas y de pronto me observan y todo es mejor, ¿entiendes? Pena social. 

Al mirarme piensan: “Al menos no vivo en la calle y me falta una mano”. Así que se sienten afortunados y me echan unos céntimos porque han tenido la suerte de no ser yo.

-O sea que te aprovechas de tu deformidad para chantajear a la gente, ¿no te da vergüenza?
-¿No debería darles vergüenza a ellos pasar a mi lado sin inmutarse? Contestó secamente el tullido.
-¿Y qué pretendes? ¿Qué te lleven a sus casas y te den alimento? Preguntó José.
-No, yo ya sé que eso nunca pasaría, sólo pretendo que sean más… humanos.
-¿Sabes una cosa? Yo creo que ya lo están siendo. El mendigo frunció el ceño sin comprender la contestación de José e hizo un ademán con su brazo bueno dándole por caso perdido y a continuación dio media vuelta y se fue. 

José volvía a estar solo y su hambre ahora era mayor. Intentó pedir dinero a gente que tuviera cara de buena persona pero el resultado fue infructuoso, sólo que en esta ocasión recibió respuestas más comunes, del tipo “no, no tengo suelto”. Tras ver que no obtenía resultados permaneciendo estático en la calle, decidió caminar para ver si encontraba alguna posibilidad de meter algo en el estómago. Unos metros más adelante notó como la gente le miraba de forma extraña. “Es como si se extrañasen de ver a un mendigo dando una vuelta”, pensó. Lo que él ignoraba es que la mayoría de la gente que le veía se extrañaba de su forma de andar, no andaba como un mendigo a pesar de contar con los rasgos clásicos de las personas que se ven abocadas a vivir en la calle. Su olor era vomitivo y su aspecto deprimente; la ropa hecha jirones, el pelo enmarañado, la cara y las manos sucias… pero caminaba como cualquier otro. Como si se acabase de levantar plácidamente en una mañana de domingo y hubiera decidido, como bien podría haber decidido hacer otra cosa, salir a dar una vuelta con esa vestimenta. 


Después de haber caminado un buen rato se encontró con su oasis particular, una frutería. Como toda frutería que se precie tenía una entrada con cestos llenos de frutas al alcance de la mano. José se sintió tentado de robarlos, pero se dirigió hacia la dependienta y le dijo:

-Discúlpeme, ¿podría llevarme un par de plátanos?-Esto… ¿tienes dinero? ;preguntó dubitativa la chica.
-… No, pero le agradecería mucho que…
-En ese caso no puedo, mis jefes me matarían… ¡eh! ¡Suelta esa cesta ahora mismo ¡ ¡Mis plátanos! ¡Ladrón! José corría calle abajo con la cesta tambaleante en sus brazos y giró la cabeza para asegurarse de que nadie le seguía. Una vez lo confirmó, empezó a imaginar cómo se comería esos plátanos, la boca se le hacía agua. Observó la cesta y los vio allí; grandes, hermosos, deseando ser comidos. El hambre le cegaba. Probablemente fue por estar demasiado atento a la cesta por lo que no se dio cuenta de que cruzaba la calle.

Estaba tan absorto en la contemplación de aquella maravillosa fruta que no pensó ni por un momento en lo que hacía. Tampoco se dio cuenta de que en ese mismo instante un coche atravesaba esa misma calle a gran velocidad.De pronto escuchó el chirriar de unos neumáticos y el grito ahogado de una señora alertándole del peligro y que casualmente pasaba por allí. Sólo tuvo tiempo para girar la cabeza y ver cómo el automóvil se le echaba encima. Cuando José Martínez se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró solo sobre una cama de tamaño matrimonial sudando por todas partes. El despertador apremiaba, era hora de ir a trabajar. Se incorporó y miró los parpadeantes dígitos del reloj que anunciaban su vuelta a la realidad. Tras haber desayunado y haberse aseado, salió a la calle ya recuperado del susto que le había supuesto su sueño. Caminó tranquilo sabiendo que llevaba puesto su costoso traje y su no menos costosa gabardina, ésta última la había cogido porque parecía que empezaba a llover. Sus sospechas no eran infundadas. Un chaparrón le sorprendió a medio camino del trabajo y, como siempre, no llevaba paraguas, así que decidió seguir andando pero cobijado por los soportales. Cuando ya le faltaba poco para llegar se detuvo. Un mendigo estaba justo delante de él, sentado en el suelo. 

El pobre hombre estaba empapado por la lluvia y se había acercado a los edificios para taparse un poco. Le obstruía el paso. José recordó su sueño y se quedó mirándolo unos segundos. A continuación alargó una pierna por encima de él y siguió andando con gesto altivo.




domingo, 19 de enero de 2020

LA MORALEJA DEL PAYASO ( Historias de la calle CARIDAD DEL COBRE )

Todos los días que el tiempo me lo permite salgo a pasear, me encanta caminar y ver escaparates, pero sobre todo me gusta el bullicio de la gente; con sus prisas, sus charlas a viva voz, charlas intrascendentes para oídos profanos del tema a discutir. 

En una esquina estratégica junto a una plaza justo al final de la calle CARIDAD DEL COBRE un mendigo pone su platillo y un paño para sentarse; es un personaje que sin saber porque siempre me llama mucho la atención. Lleva una larga,ajada y descuidada barba. Vestido como un Harapiento y un sempiterno puro colgando de su boca, creo sin lugar a equivocarme que es el mismo veguero que nunca ha llegado a encender. Todas las veces que paso, siempre veo gente alrededor de él. Bien hablan con el o bien lo fotografían como si fuese un mono de feria. El es muy paciente y se deja hacer. Se le nota en la mirada que ya se ha acostumbrado a esa situación y la lleva con entereza. Siempre sonriente escucha a todo el que quiera hablar con él. Cada vez que paso le saludo. El muy educadamente me lo devuelve. 

Creo que Algún día me armare de valor y hablare con él; es mas, de hoy no pasa, hablare con él. Me voy acercando y el anciano vagabundo sé ríe entre dientes, tengo la sensación como si pareciese que me estuviera esperando. Abre su gran boca y una hilera de dientes negros producto del tabaco asoman por la misma.
-Buenos días señor; Siempre paso por aquí y le veo tan feliz y sonriente, el viejo asentía cada una de mis palabras con movimientos de cabeza. Yo seguí hablado:
- No comprendo sinceramente como usted un vagabundo siempre esté rodeado de gente, siempre riendo cuando la verdad y la realidad tangible es que no tiene donde caerse muerto y que veo que no tiene absolutamente nada.
-! Como que no tengo nada! tengo el bien mas preciado de una persona; amigos y sobre todo otro anhelo humano; libertad. Como todos los días y de ves en cuando aunque se que te chocará y te sonara a sorna, alguna que otra aventura amorosa- ! Ahora bien, dígame caballero. ¿Que tiene usted?.

Nuestras miradas se cruzaron mientras me formulaba la pregunta, por mi cabeza pasaron como un relámpago mil pensamientos. En mi mente se agolparon situaciones cotidianas, una hipoteca a 30 años, recibos de luz , agua, impuestos, broncas con mis hijos, el trabajo. 
Al viejo vagabundo no le hizo falta que le contestara y cuanto menos que le dijera nada. Me miro moviendo la cabeza de un lado a otro y con la mano me dio una palmada en la espalda.

MORALEJA. Cuidado con quién comparas tu vida, muchas personas la felicidad la buscan a su manera y la consiguen a su modo y forma aunque sea con un platillo de pedir limosna y nadie puede ser juez ni censor ante esa situación.



sábado, 18 de enero de 2020

EL MERCADER DE SUEÑOS.

14 de Enero. 7:00 AM. Me despierto. Entre las sábanas, con cierta desidia y no mucha decisión decido levantarme. 8:10 AM. Me he dormido. Me despierto. Otra vez. Oigo pasos. Alguien hace ruido en el piso de arriba. Desgana. Agobio. Angustia. Me levanto. Todo me molesta. Me aseo. El agua está fría. Congelada. Café. Ascensor. La calle. El calor de las sábanas me hace tiritar. Miro al suelo. Enciendo un cigarro. A la oficina de empleo. Tren. Miro. Observo. Muchas caras. Tristeza. Siguiente parada. Más tristeza. Miradas. Infinito. No hay horizonte. Blanco y negro. Siguiente parada. Más personas. Menos espacio. Más agobio, más tristeza. Fin de trayecto. La calle. Frío. Y Sol. 

Me duelen los ojos. Estoy desubicado. Se donde estoy. No es mi sitio. No el que debería. Vida. O cárcel. Estoy triste. Camino. Más caras. Inciso. Una mujer. Me agrada. Es sencilla. Me atrae su rostro. Desprende lealtad. Humildad. Su pelo es lacio. Dejado. Largo. Poco cuidado. Me gusta esta sensación. Se acerca. La miro. Me mira. Aparto la mirada. Nos cruzamos. Y adiós. Vuelve el agobio.

Es tarde de nuevo una luz ilumina mi cuarto durante un breve instante, empiezo a contar 1,2,3,4,… 36 segundos y escucho por fin el trueno, es demasiado lejos, no los veré en verdad, hace ya 10 años que no veía una tormenta, una noche tan hermosa como esta es rara muy rara, la lluvia cae y el sonido llega a los huesos, el problema es que estoy solo, solo tratando de ver que es lo que hago, una noche hermosa y no tener con quien compartirla. Víctima de la desesperación y el agobio me quedo dormido. Roberto se desperezó alzando los brazos y haciendo crujir las articulaciones. Era un nuevo día...y un nuevo problema. Estaba sin trabajo hacía seis meses. 

No conseguía más que pequeños ingresos por tareas modestas: cargar bultos, pequeñas chapuzas, etc. Hasta vendió bisutería en un mercadillo ambulante. Paseó la mirada por su cuarto y no pudo evitar sobrecogerse. Era la expresión del abandono. Una silla mal tapizada y una pequeña mesa con un plano del metro de Madrid doblado y redoblado en una pata sirviendo de nivel era todo el mobiliario que contenía el ambiente. De nuevo la pregunta de siempre le martilleo las sienes: ¿Como lograr los ingresos necesarios para sobrevivir? De pronto, su mirada chocó contra una noticia escrita en negritas en un diario viejo. "Se compra sueños". Si Ud. tiene un sueño que vender, venga, aquí se lo compramos. Roberto anotó la dirección, se aseó y partió hacia su inusitada cita.

- ¿Aquí es dónde compran sueños?; Preguntó a una distraída recepcionista que se acicalaba las uñas.
- Sí señor; respondió la mujer. - Pero debe hablar con el gerente. En un momento le recibirá; añadió.
- Esperaré; replicó Roberto. A los pocos minutos la puerta de una oficina se abrió y salió un hombre joven a su encuentro. 
- Pase, por favor; le dijo. Roberto obedeció, ingresó a la pequeña oficina denotando cierta prisa.
- Tome asiento, por favor; le dijo el hombre. Roberto se sentó con rapidez.
- Dígame, ¿cuál es su sueño? Preguntó el gerente con tono de mostrar poco interés y de querer despacharlo pronto.
- Yo soñé que era un encargado en una constructora y estaba dirigiendo la construcción de una carretera en un país africano, cuyos obreros eran nativos de ese país sin apenas conocimientos del trabajo a desarrollar. Era una actividad interesante. Los obreros recibían capacitación, en tanto, la empresa buscaba realizar trabajos para expandirse en negocios de carpintería y electricidad industrial y del hogar. Durante un prolongado tiempo eran adiestrados en el manejo de herramientas propias del oficio y cuando alcanzaban un grado óptimo de preparación, eran contratados para obtener un empleo bien remunerado, con la consiguiente calidad de vida. Y así continuó Roberto.

- Nos parece interesante su sueño. Le pagaremos 500 euros por él. No lo podía creer. ¿500 euros por un simple sueño? Roberto estiró la mano y recibió el dinero, firmó un recibo y salió apretando con su mano el dinero. Lo primero que hizo fue comer en un restaurante. Lo hizo bastante bien. Luego se cambio de habitación...Y pasaron los días. El dinero se le acabó rápidamente a Roberto, quien se había comprado un traje nuevo y zapatos, además de un televisor de segunda mano. Nuevamente acudió a la oficina donde compraban sueños. Y nuevamente se repitió el corto diálogo. Esta vez comenzó Roberto:
- Mi sueño trata de mi matrimonio con una mujer buena y muy guapa. Ella me había dado dos niños que yo educaba con amor, paciencia y cierto grado de severidad, formando en ellos los valores de la justicia, la verdad y la solidaridad. Así iban creciendo intentado hacer de ellos grandes personas. Prosiguió Roberto narrando su sueño. De improviso el hombre lo interrumpió:
- Esta bien, le daremos mil euros por su sueño. Nuevamente estiró la mano, firmó el recibo y salió. 

Esta vez ya fue más cuidadoso. Compró sólo lo necesario y guardó en el banco 600 euros. Las visitas se hacían a diario y en cada una de ellas Roberto narraba sus sueños de joven y de adulto, y salía con dinero en los bolsillos. Habían pasado dos años y Roberto ya tenía cerca de 500 mil euros ahorrados, porque invirtió invirtió parte de lo ganado y obtuvo pingues ganancias.
Un día despertó con el rostro sudoroso. Estaba cansado y sólo recordaba que se había acostado como cualquier otro día, había cerrado los ojos y se había hundido en el pozo profundo y oscuro del sueño. Pero no recordaba nada de nada. Al día siguiente se repitió la misma escena. De pronto se percató de algo: ¡No podía soñar! 
- Quizá sólo sea una mala idea; pensó Pero no. 

Los días que siguieron no hubo sueño alguno. Sólo el hundirse en la nada y despertarse con el rostro sudoroso. Roberto se desesperó. Añoraba sus sueños de hombre joven y de adulto en pos de metas. Ya nada tenía. De pronto se le ocurrió una idea. Corrió a su casa, donde vivía solo, y sacó una vieja libreta en la que anotaba cuanto había recibido de dinero por sus sueños. Sumó las cantidades y el total recibido fue de 300 mil euros. Sacó todo su dinero del banco y acudió a la conocida oficina.
- ¿Qué desea?; le preguntó la recepcionista.
- Quiero hablar con el encargado; contestó. Y con paso firme se dirigió a la conocida puerta y la abrió. 
- Quiero recuperar mis sueños que le vendí; dijo Roberto al hombre que se escondía tras un escritorio. 
- Usted me ha dado 300 mil euros en total. Yo le doy 400 mil euros. Así usted ganará 100 mil. ¿Qué le parece?
- Lo sentimos señor, no podemos hacer esa operación; fue la respuesta.
- Está bien. Le pagaré 450 mil euros, pero por favor devuélvame mis sueños; rogó Roberto.
- No podemos; reiteró el hombre.
- Le daré todo lo que tengo: 500 mil euros; Imploró el ex soñador.
- Por última vez: nosotros no devolvemos los sueños. Los sueños que usted vendió jamás los recuperará. Respondió, ya con voz definitiva el antiguo comprador de sueños.  
JOVEN, NUNCA VENDAS TUS SUEÑOS PORQUE JAMÁS LOS PODRÁS RECUPERAR.

viernes, 17 de enero de 2020

LA MEMORIA DE UN PEZ ( Historias de la calle CARIDAD DEL COBRE )

Claudia sale del portal de casa deshojando un paquete de tabaco, quitándole el celofán y el papel plateado y a continuación sacando un cigarrillo. El aire está cargado de electricidad positiva. Vive en una de las calles más pequeñas del pueblo; una transversal de la calle CARIDAD DEL COBRE justo antes de llegar al inmenso parque en que acaba dicha calle, una callejuela en la que tiene arrendado un pequeño apartamento. Una calle de ambiente familiar, agradable y placentero, una tranquilidad para los sentidos, así era el aire que se respiraba. 

Los niños corriendo, divirtiéndose, sus padres detrás de ellos riñendo entre dientes y clamando a viva voz el ritual de frasearía de toda la vida, “Pedir a la Virgen un poquito de ayuda y piedad, que buena falta nos hace”, decían. Los pequeños lejos de intentar comprender el porqué de aquel circo, como es normal, iban a la suya, gritando, corriendo, saltando de felicidad y frescor, solo propios de alguien inocente y desconocedores de la lucha encarnizada que es sobrevivir a la realidad. Claudia sonríe al ver los dislates de los críos con el único afán de enervar a sus progenitores. Esta mañana antes de salir de casa ha comprobado que los peces que le regaló su madre ayer aún estaban vivos. Dos carpas japonesas blancas, moteadas con tonalidades cúrcumas y negras. Son bonitos, no está mal. Balbuceó entre dientes a la vez que con el pie apretaba con el pie contra el suelo la colilla aún encendida del cigarro que había devorado. Es la única emoción que le dan, el observar si siguen vivos. Pasa mucho tiempo. 

La plaza del pueblo está llena de hojarasca de las moreras en pleno deshoje, el chasquido de las hojas al ser pisadas no le sacó de sus tribulaciones, tenía que dar un cambio a su vida, no sabía el modo ni forma y ni por asomo cuando, pero tenía que ser pronto. Abre la cancela recién pintada que daba entrada a un jardín ahora mustio, pero en primavera un autentico vergel de flores, implosionadas de colores vivos y fragancias embelesadoras. Sube la escalinata de piedra caliza Negra entreverada con un gris maculo y llega al recibidor de la majestuosa casa. Pisa con sumo cuidado la alfombrilla puesta bajo el alfeizar de la puerta, es la casa de Pedro, su novio de toda la vida, y viendo el derrotero de la relación, del resto de su vida. Al llamar a la puerta lo hace suave, la campanilla titila con un sonido sordo, espera un minuto. Vuelve a tocar y esta vez la campanilla retumba en todo su esplendor, Una criada abre y le sonríe. 

Ella espera en la entrada del salón, es su ritual diario, Pedro llega en silla de ruedas. Es un tipo de complexión famélica y de gesto mustio, pero conserva la vitalidad de antes de perder su pasión por la velocidad. Esa velocidad que lo llevo a estar postrado en esa cárcel con ruedas. La criada les acompaña por el pasillo y abre una puerta servilmente, los deja solos en la habitación de Pedro. El se estira con mucha dificultad en la cama. Claudia se sube de forma mecánica la falda y se baja las bragas, no es la primera ni la última vez que lo hace. Se sienta encima de la boca de Pedro, el está parapléjico de ombligo para abajo. Para el famélico individuo la lengua, es el órgano más sexual que le queda; Claudia se corre varias veces gracias a ella. Pedro tiene mucha práctica necesariamente adquirida. Una vez saciada, coge un clínex y le limpia la boca a Pedro con cariño, se enfunda las braguitas con prisa y con un chao mi amor, que no llego a mi hora, se despide de él mientras se pierde por el pasillo atropelladamente en dirección a la puerta de la calle. 

Pero no, es aún muy temprano, pero le gusta ser la primera en llegar al supermercado. Fue su dogma autoimpuesto al ser contratada por mediación de su futura suegra, yo, siempre la primera. Por la tarde regresa del trabajo a su apartamento, sedienta. Bebe de su jarra naranja comprada en el bazar de los chinos de la esquina, el agua vertida aun mantiene el regusto a Fanta naranja debido a que recicla las botellas de refresco. Acaba de beber y hace una mueca agridulce por el regusto. Mientras cena piensa en llamar a sus padres, pero decide no hacerlo. En lugar de ello, llama a Pedro. El teléfono da señal de llamada pero no lo cogen. Sigue sonando mientras Claudia mira la pecera, los dos peces de colores se mueven, anodinos, silenciosos acostumbrados a su hábitat, Claudia cuelga el aparato. Lleva un tiempo percatandose que la pecera ocupa demasiado espacio en el mueble y decide cambiar a los peces de pecera. Solo son dos, se tendrán que conformar con un espacio mas reducido. Rebusca en el armario de la cocina y encuentra una jarra de cristal. Con sumo cuidado los traspasa de recipiente, ya en su nuevo y reducido ambiente. Piensa que seguramente no les ha gustado el cambio, pero ya no se acuerdan de nada. Son de exigua memoria. 

Se recuesta cansinamente en el sofá de postura decúbito supino y apoya la cabeza en una almohada, en su mente fluye la visión de su novio, siente autentica devoción y amor por él, Recuerda aquel día que llevaban un tiempo ya saliendo y el la invito a cenar a un restaurante. Cogieron un taxi, el no estaba dispuesto a caminar hasta el restaurante, y ella, que había pensado que un paseo bajo la luz de la luna sería romántico y cimentaría aún más el gran amor que estaban amasando día a día, tuvo que acceder a su petición, mayormente por el miedo a que el comienzo de su relación en común fuera soportado por cimientos de barro a causa de discusiones banales. Tiempo tendría para cambiar ese temperamento irascible. Así que puso su mejor sonrisa, mientras le decía con voz socarrona “Que no un taxi, sino un carruaje tirado por cien corceles blancos me pondrías a mis pies si te lo pidiese”. Pero no había tal imaginario carruaje.

Tuvieron que conformarse con un viejo Seat Toledo que por allí pasaba con el cartel de libre. Y así, sentados en el asiento de atrás, recorrieron la distancia que de su casa había hasta el restaurante. La única nota discordante la daba aquel estúpido taxista, impertinentemente obsesionado por mirar el retrovisor, esperando, pensando tal vez que en aquel lugar iban a hacer algo indecente. Recuerda nítidamente todavía su condenada cara y no pudo por más que lo quisiera, evitar que un escalofrío la recorriera por dentro: la barba mal afeitada, el palillo pasando de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, la sonrisa socarrona, y el juego de cuello continuo como buscando la posición perfecta desde la que ver el espectáculo. Claudia vuelve a llamar a Pedro, otra vez, mientras mira a los peces, envidiándolos, por tener tres segundos de memoria. Nadie coge el teléfono. Mira instintivamente el reloj y se cerciora que es muy tarde, que en casa de Pedro ya estarían todos durmiendo. Vuelve a recostarse y de nuevo su mente echa a volar, El pasado comienza a hacer su aparición, en todas sus formas. 

Recuerda ese domingo por la mañana cuando había quedado con su novio en ir a la playa, el se había obstinado en ir en moto, cosa a la que se negó ella, pero a base de caricias y zalamerías consiguió convencerla. Recuerda a la vez que siente un escalofrío ante la visión de esa curva y a ella diciéndole que no corriera tanto, recuerda despertar en el hospital. Y el resto se le difumina en la mente. “No puedo pensar en nada más, mi mente no me permite pensar en otra cosa, me estoy atormentando con el pasado y pronto no sentiré nada”. Los pensamientos del estado en el que se encontraba Pedro la podía más que cualquier cosa, no podía apenas comer, no podía dormir y mucho menos deseaba el hablar de sus problemas con los demás. Materialmente estaba muy satisfecha, pero no espiritualmente. Se sentía muy triste y no podía soportar el peso que le suponía la monótona vida. ¿Qué podía hacer? Nada, salvo esperar como una idiota a que algo cambiase. 

Decidió mantener su mente ocupada en menesteres de todo tipo; leer, beber, fumar, intentar dormir, mirar pelis, o practicar algún deporte. Pero, por desgracia, todo seguía siendo triste, solo que esta vez bajo un umbral de estrés cada vez mas acumulado. Es domingo y ese día no puede ir por la mañana a casa de Pedro. La madre recibe como todos los días de fiesta a sus amigas parroquianas de una congregación eclesiástica a la que pertenece y estar allí ella, se le torna incomodo, no por nada, simplemente porque no quiere sentir las miradas inquisidoras de esa gente, como culpándola de la situación del hijo de su anfitriona. Así que como cada domingo en la mañana se dirige a tomarse un café en la cafetería de la plaza con su amiga Laura. Una chica muy pizpireta y con aires de elegancia muy en desacorde con los modales rudos de un pueblo de la España profunda y rural. 

Al llegar a la terraza del local, avista a su amiga sentada junto a un chico con aire distraído y como ajeno a la conversación de su amiga Laura. _Hola Claudia, ¿Cómo estas hoy? Le pregunto mientras le daba dos besos en la mejilla. 
-Estoy, que ya es mucho decir, ¿No me presentas a tu amigo?. Uy perdón, se disculpó Laura. Carlos… Claudia. Los presentó mientras se besaban mutuamente. EL desayuno transcurrió con conversaciones intrascendentales y algunas veces aburridas. Carlos se jactaba de proyectarse como unos de los mejores psicólogos que habría en Madrid en breve, mientras las chicas lo miraban con cierta indiferencia por el tono de pedantería de la conversación. 
- Carlos; ¿Porqué la gente honrada sufre? Apuntilló Claudia aprovechando un silencio en el soliloquio de él. Tú debes saberlo, eres psicólogo. 

El lejos de sorprenderle la pregunta por lo sorpresiva que había sido, apoyo los codos en la mesa, y mirando fijamente a Claudia contestó: 
-Claudia, le dijo con voz dulce, parte de la base que las personas están hechas de diferentes materias. Hay seres humanos con un espíritu de cristal, éstos son tan frágiles, que muy pronto se derriban a la mínima desdicha o malos tratos y no hablo físicos recibidos por un semejante. Después, puedes encontrar personas con un alma de madera. Esas Son fuertes y resisten bien los reverses de la vida al principio, pero al final terminan pudriéndose y cayendo. También hay personas de alma de piedra. Estos son durísimos, irrompibles, pero también punzantes, y no aceptan ni lo malo ni lo bueno de las otras personas, por lo que viven eternamente amargados. 

-¿Cuál es el tipo de materia ideal entonces? preguntó Claudia intrigada e interesada. 
-Aún falta un tipo de alma. La de metal. Este alma no solo es indolente y le resbala el dolor que reciba, sino que es capaz de rebotarlo suavemente, y lo refleja frente a quien se lo causa, igual que las cosas buenas que reciba. Pero debes saber;prosiguió Carlos:
-Que no todos tienen el mismo material en su alma eternamente. Según el estado anímico en cada situación, aunque hay muchos otros seres humanos que mantienen el mismo material de su alma para siempre, o hasta que renazcan en otra vida. 

Al marcharse Carlos con Laura, Claudia se quedo un rato mas en la cafetería intentando discernir sobre lo que le había dicho su nuevo amigo. Trataba de destripar sus entrañas mentalmente y averiguar de qué material estaba formada ella, la había dejado con una duda que lejos de desagradarle le gustaba, ese hombre le había abierto otras formas de ver las cosas. Solo bastaba averiguar de qué pasta estaba hecha su cansada alma. y con una sonrisa y un gesto afable dejo vislumbrar , que ya lo sabía. La campanilla sonaba como cada mañana a la misma hora, la enjuta criada abrió la puerta con un gesto de hastío, del que por rutina a la misma hora hace lo mismo. Claudia entró con paso decidido, entre sus manos portaba la jarra que contenía las carpas japonesas, se dirigió hacia la habitación de Pedro mientras con el rabillo del ojo veía a la sirvienta intentar adelantarla para abrir la puerta del dormitorio. Claudia entró sin pegar en la puerta de la estancia y encontró a Pedro tumbado en la cama, la sirvienta con un gesto de desaprobación cerró la puerta y los dejó a solas, acomodo la jarra en la mesita de noche y dando un beso en la frente despertó de su sueño a Pedro. 

- Hola mi vida. Hoy dormí más de la cuenta, ¿Cómo esta mi chica? Balbuceo Pedro en un tono somnoliento. 
-Hola cariño, solo venia decirte que me marcho del pueblo, no me pidas explicaciones, el tiempo te las dará solas. Contesto Claudia a la vez le acariciaba la cara a Pedro. Con un beso y sin mediar mas una palabra salió ella de la estancia dejando a Pedro tumbado sin saber reaccionar.

Atravesó el pasillo con aire altanero, como de quien se desprende de una carga pesada y le hace más ligero el viaje. Cerró la puerta de la casa con suavidad, cruzó el jardín mientras que con una mano acariciaba las copas de los setos ahora deshojados y salió a la plaza. Ella quería muchísimo a Pedro, pero miraba ahora su futuro y por ese futuro no pasaba el. Veía un presente plano y anodino, un Pedro protegido por su entorno familiar mientras que ella sería una simple actriz de reparto en esa relación, y por ello había decidido poner punto y final. Pesara lo que pesara. Ella había acuñado sin saberlo un término nuevo: Alma de memoria de pez. Solo tendría memoria de tres segundos… El teléfono suena. Claudia lo coge. Y oye la voz de su madre; 
- regalaste los peces; murmura llorosa. 
- … ¿Por qué?… yo te los regalé con cariño….