lunes, 26 de febrero de 2024

DE DONDE OTROS HUYEN.

"En la vida, la mayoría de nosotros vamos a hacer cosas comunes; pero que lo más importante es hacerlas extremadamente bien para poder ir a la playa sin que lo reconozcan o sepa quien es; por que lo importante es la excelencia en el trabajo y no el ego ni la fama.”

-GLENN MURCUTT.

Cuando alguien saca los pies del tiesto ante las injusticias sociales siempre le rondará el peligro, algo tan real, que podemos ver, palpar, casi respirar...Ese miedo que atenaza a quien siente  como este lo acecha y  lo impulsa a salir de ciertas situaciones cuanto antes, sin pensar, sin plantearse nada más que su propio ser. Algo normal y natural.

Pero también existen otro tipo de personas. Aquellos que, a pesar de sentir esas mismas sensaciones, humanas y razonables, casi aplaudidas en estos tiempos de ego-ismo absolutista, donde el YO solo precede al YO, surgen esas figuras de los que no dudan en ir hacia donde se escucha la voz que pide ayuda ante las injusticias. Muchas veces, tan baja, que pasa inadvertida. Pero no para ese tipo de gente.

En el caos, la agitación social, los golpes cobardes al más débil, el acoso infame, el escarmiento y la amenaza de la propia existencia, siempre aparecen esos hombres y mujeres que, en apariencia, son iguales al resto, pero que en su corazón y carácter, se ha forjado, día a día, el valor de dar el paso al frente en donde otros huyen. 

Poco ha pasado con el tema de la agricultura, y con el recuerdo de otros terribles atentados que han sacudido la memoria quebradiza de nuestra sociedad. Pero también esos casos que cada día en los que la mayoría parecen mirar a otro lado. Pero ellos no.

Ojalá esto sirviera de algo más que mi sencillo y sentido homenaje y desahogo moral, pero, quiero creer que alguno de esos valientes que dan lo mejor de sí, donde otros bajan la cabeza o excusan su responsabilidad bajo la capa de su desvergüenza, lea este enorme GRACIAS.

Lo peor; y centrándome en mi ciudad, Motril. Para algunas personas de Motril es que se darán cuenta tarde que el personaje que representan se comió a la persona. Tanto algunas cosas como así personas no cambian nunca por mucho empeño que se les quiera poner. Y eso lo saben bien tanto en la China como en Almendralejo.

Como por ejemplo que el placentero y emotivo hecho de mirar a las estrellas durante toda una noche silenciosa, templada y fragante de verano; No garantiza que uno aparezca al amanecer convertido en una mejor persona.

Aunque todos, y hay que reconocerlo tenemos flashback puntuales de algo de fariseos y ególatras; Que actuamos mucho de cara a la galería manteniendo las buenas formas. Eso sí, que para eso hemos convertido la vida cotidiana en un compendio en teoría de códigos de buenas costumbres. Hace falta mucha sinceridad con uno mismo para no dejarse llevar del afán de quedar bien y para no querer buscar la recompensa y el aplauso de los demás. 

Nos pueden los respetos humanos y ese quedar bien que, al final, nos va acostumbrando sin darnos cuenta a vivir en la medianía y en la mediocridad.

Es duro que uno tenga que escribir sobre la mediocridad y se le venga a la cabeza la tierra donde orgullosamente nací. Pero si algo tiene mi Motril es ser un semillero de mediocridad abonada mayormente por el servilismo y estómagos agradecidos que destruyen la fe de creer que con disciplina y trabajo se puede llegar lejos en lo que te guste o en lo que te dediques profesionalmente.

domingo, 25 de febrero de 2024

¿Y POR QUÉ?

Mi nieto Daniel que es una esponja con patas ayer merendando con el en una cafetería del centro de motril me preguntó así sin anestesia previa:

_“Abuelo  Oberto:¿Por qué sale tanta guerra en la tele?” 

_Pues porque la hay y no podemos mirar a otro lado, porque el ser humano somos asi de necios y la cosa pinta mal.

_“¿Es que les gusta la guerra?” me volvió a preguntar ya con mas interés.

_Se ve que sí; hay mucho animal de bellota suelto y se junta con otros chalaos de la vida para hacer maldades y jugar al Monopoly. Y porque no se meten un misil por el culillo( risa de mi nieto), es un misterio. 

_“¡Abuelo! ¡Has dicho un taco!”

_ Ya Dani; pero es que son políticos de alta y baja cuna que se juntan para jorobar al personal por menos que canta un gallo. Esta gente va a la suya y hay un tal Putin que valora la vida humana en calderilla. Vaya historia de país. Empezando por los Zares que no daban una a derechas; y estos a izquierdas, perdón.

_“Abuelo ;¿Y es verdad lo que dice el padre de Sofia que si pasan cosas malas vendrán los americanos  al rescate?”. 

_Ni caso al padre de Sofia, los americanos están comodísimos viendo a Europa pasarlas canutas y están azuzando el avispero como locos. Las guerras no lo arreglan todo, pero parece que sirven para subir el índice de popularidad del mandamás de turno, vaya sinvergonzonería, que diría la bisabuela Adela. Y no olvides jamás que ellos también viven de vender tanques y barcos y aviones a punta de pala. 

_“¿Avispero? ¿Qué es un avispero abuelo?” 

_Un avispero es como una piñata, pero con avispas muy cabronas dentro. 

_“¡Abuelo! ¡Has dicho otro taco!.

_ Yo creo que ya basta de preguntas de esas Dani, cuéntame como va el cole.

_“¡Abuelo, abuelo! Dos o tres preguntas mas y ya me tomo el cola cao. Y si la cosa se pone asi de malita ¿Qué se come?” 

_Pues lo que se puede, aunque nos hemos preparado más bien poco, o nada, para ese escenario. Y los políticos cazando moscas. No olvides nunca que el ser humano está a 9 comidas de echarse a la calle y arrasar lo que pillen. O, lo que viene a ser lo mismo, te pasas 3 días sin comer... y el infierno se desata. Una variante “suave” es que el dinero valga cada vez menos, los precios suban y solo puedas comprar avío para hacer migas todos los días. .

_“Abuelo, ¿Y tú por qué no sales en telemotril?” 

_Eso digo yo. Para dar caña a izquierda y derecha. O a diestro y siniestro, tanto monta. Pero yo despotrico “de salón” o aquí en la cafetería a tu vera, es que ya no estoy para esos trotes.

_“Y si sigue la guerra ¿Qué va a pasar, con Harry Potter, Nemo y el Rey León?” 

_Pues no lo sé, cariño, imagino que se refugiarán en el Metro. 

_¿Y qué es el Metro? 

_Es un tren bajo tierra. 

_“¿Enterrao?” 

_Enterrao voy a acabar yo si no me das un respiro, joer con el niño. 

_“¡Abuelo! ¡Otro taco más!” 

_No me digas eso cada dos por tres, que para reñirme ya tengo a tu padre y a tu madre que no terminan de asimilar que yo sea anarco individualista vocacional y en ejercicio, facción gruñón malhablao. 

Y ahora tomate el cola cao que se te va ha hacer grumos...

jueves, 15 de febrero de 2024

ES LA "ERA"

Se decía que la infancia "era" el Paraíso Terrenal del ser humano.

Se pregonaba a los cuatro vientos que en estos años  comenzaría la "era" de los museos de la exaltación del arte. Pero si entendemos como arte hacer fotos a nuestros desayunos, de nosotros mismos, de nosotros cogiendo al sol, sujetando la torre de pisa. Que sería la "era" del arte musical, pero nos engañaron;  En esta "era" de la musica se escuchan voces con acento latino que habla de "castigal a una mujel". En la "era" de lo individual, de lo personal, somos la masa, la mejor amalgama humana que nunca se fraguó; pues las piezas encajan mejor que nunca y el individualismo es un anhelo porque las utopias crecen en un mundo absurdo. En la "era" del anarcocapitalismo ni somos capitalistas, porque no tenemos dinero; ni anarquista porque no tenemos ideologías. Somos más bien como ratas conducidas al abismo, pero ya nadie toca la flauta. En la "era" de la salud, de la longevidad moriremos prematuramente. En la "era" de la tolerancia, toleramos lo intolerable. En la "era" de la libertad ten cuidado con lo que escribes, agradece la presencia policial y no digas esas cosas en voz alta. En la "era" del acceso a los medios de transporte aero, trenes de alta velocidad, este verano al pueblo. En la "era" hay un coche; su interior huele a porro y los chavales me miran desafiantes al pasar.

miércoles, 14 de febrero de 2024

CON DIEZ AÑOS. ( ORO LÍQUIDO)

El pueblo estaba situado en medio de extensos campos de cultivo de secano, pero las umbrías del norte estaba plagada de bancales de olivos. Esta semana según oí a un labrador en mis " acampadas" en la taberna de Don Emilio decirle que ya empezaba en la comarca la tan esperada temporada de recogida de aceitunas. Un motivo de alegría para Don Emilio porque así ya podría hacer tachones en la libreta con los nombres de los parroquianos que bebían con el favor de: Emilio esto lo pago cuando...

Desde la curiosidad y percepción de un niño de diez años sentí la sensación tangible de que el ambiente en el pueblo cambió por completo durante esos días. Las calles se llenaban de bullicio, risas y conversaciones animadas sobre quién tendría la mejor cosecha o cuántas arrobas de aceite le produciría su " pedazito" de olivos una vez llevados a la almazara junto al rio. Veía a los labriegos como se preparaban concienzudamente para la recogida, afilando sus herramientas, reparando los utensilios de trabajo y organizando los horarios para llevar las cargas de aceitunas de cada uno al molino.

Un día llegando yo a casa de mi abuela portando una serie de mandados que me había encargado en el colmado de " casa Paca" oí decir a mi tía que no era mala idea que yo fuese un día con la familia del primo Clemente a recoger aceitunas; - " así le da el aire al pobre que lleva días como alma en pena dando vueltas por el pueblo cuando no estaba en "EL RINCÓN DEL ESPANTO"". A mi madre y a mi abuela no las oí decir nada, pero mirando por los visillos de crochet de la cortina las vi asentar con la cabeza.

El día elegido para comenzar la recogida de aceitunas amaneció soleado y fresco. 

Mi tío Clemente vino a buscarme y nos se dirigimos con el resto de familia a sus olivares no sin antes recriminarle a mi madre que me hubiese puesto tanta ropa de abrigo; se te va a " escozer" el niño Luisa, le dijo mientras me echaba la mano por el hombro y empezábamos a subir la empinada cuesta de la calle del sol en dirección a los bancales de olivos. El resto de la familia nos esperaba en el cruce de la carretera, iban equipados con sus escaleras, capazos, varas, rastrillos y redes de recogida. 

Una vez llegado al olivar la gente se agrupaba en pequeños equipos y cada uno recibía su lugar asignado entre las filas de olivos. Armados con sus cestas de esparto y varas largas, se adentrában en el olivar. El ambiente estaba lleno de risas, conversaciones animadas y canciones populares que se entonaban mientras avanzábamos entre los olivos. A medida que íbamos recolectando las aceitunas, el suelo se llenaba de cestas que se iban apilando y la tierra se teñía del color dorado de la aceituna madura.

El olor a aceituna impregnaba el aire mientras los hombres vareaban los árboles, golpeando las ramas cargadas de aceitunas con la destreza y sapienza de años. Las mujeres,  pacientes y con una habilidad innata, extendían las mallas tupidas en el suelo, esperando a que las aceitunas cayeran como si fuese una lluvia de oro. Nosotros los niños, recogíamos las aceitunas que no caían dentro de malla e iban al suelo y las depositabamos en grandes canastas de esparto.

Cuando me hice mayor lejos de ese lar y documentándome tomé conciencia de la dureza de ese trabajo, pero yo con ojos de niño solo veía  el espíritu de colaboración y compañerismo que inundaba cada rincón del olivar. Donde compartían historias y risas mientras realizaban la tarea. 

Yo en un momento de descanso a la sombra de un olivo centenario; sentado junto a mi tío Clemente, cuasi con voz gutural le pregunté a mi tío:

- Tite: ¿ porqué hemos venido mi madre y yo al pueblo si en diez años jamás he estado? 

Mi tío agarrándome suavemente la cabeza con las dos manos y acercándose a mi oído me dijo:

- naaaa... Cosas que eres muy joven para entender. Y dio por zanjada la pregunta. Lo que no sabía mi tío es que en mi cerebro se plantó la semilla de la curiosidad, del querer saber.

Las jornadas de recogida se alargaban hasta el atardecer, momento en el que todos se reunían alrededor de grandes fogatas para descansar y disfrutar de una merecida comida de chacina y casquería asada. Una mezcla de sabores tradicionales acompañaba el olor a madera quemada y aceite molido las conversaciones amenas y las risas compartidas, creando una atmósfera de sosiego.

Después de varios días de intenso trabajo, la recogida de aceitunas finalmente llegaba a su fin. Los olivares quedaban vacíos, los sacos llenos y las familias exhaustas pero felices por tener un dinero para afrontar el invierno. 

En definitiva; La temporada de recogida de aceitunas no solo se trataba de una actividad agrícola, para saldar deudas y ahorrar algo. Cada año el pueblo se llenaba de vida y camaradería, dejando atrás las preocupaciones y brindando ante mis ojos una lección de trabajo en equipo y valoración de sus raíces.

DIARIO DE UN NIÑO URBANITA EN LAS ALPUJARRAS.


lunes, 12 de febrero de 2024

CON DIEZ AÑOS. ( EL RINCÓN DEL ESPANTO.)

El pueblo de mi madre estaba rodeado de imponentes montañas, sus calles empedradas se perdían entre casas encaladas y tejados de tejas árabes rojas. En una de sus calles tenía su casa mi abuela y por ende mi hogar puntual, se llamaba Calle del Sol.

La Calle del Sol era estrecha y sinuosa, adornada por coloridas macetas en las ventanas y faroles antiguos que iluminaban las noches oscuras. Jamás había prisa en esa calle; los vecinos se saludaban con amabilidad, detenían sus pasos para charlar, y siempre se podía sentir el aroma de pan recién horneado proveniente de una tahona cercana. Mi abuela cada vez que me daba un mendrugo de pan para desmigajarlo sobre el tazón de leche me recordaba cuando cada casa tenía su horno y amasaba su propio pan.

Era una calle donde el tiempo parecía haberse detenido. Sus habitantes vivían sus días con tranquilidad, dedicándose a sus labores en el campo y compartiendo los vínculos de amistad que se habían tejido a lo largo de generaciones.

Casi al final de la calle dirección al río se alzaba una modesta pero acogedora taberna llamada "El Rincón del espanto". Era el punto de reunión de la gente en busca de desahogo, sabiduría y buena compañía delante de un vaso de vino. Todas las tardes, al ritmo cadencioso del ocaso, los vecinos del pueblo, agotados de sus tareas diarias, se congregaban allí para contar historias, reír y disfrutar de un buen trago. Yo los veía pasar desde el tranco de la casa de mi abuela yendo en dirección a la taberna.

Le pregunté a mi abuela porqué se llamaba la taberna así y me contó una historia, cuasi leyenda de que en ese mismo sitio muchos , muchos, muchos años atrás a un labrador de madrugada se le apareció una procesión de almas en pena que tal fué el susto que murió ipso facto de la impresión. De ahí el nombre del " Espanto".

Una taberna, una tasca como es debido, puede ser más o menos seductora  y según qué ojos la miren tendrá una dimensión poética, u otra casposa...Lo que no admite discusión es que, en todas aquellas que sobreviven, un hecho prodigioso acude en auxilio del parroquiano: el tiempo se detiene, nada es igual de puertas afuera a puertas adentro... basta ver al tabernero y tener la sensación que el tabernero nació y pernocta en el interior de su cueva, no menos se puede decir del cliente habitual, acodado en la barra contra viento y marea, aunque a menudo se sospeche que vuelve a su propia casa a la funesta hora del cierre...El ascetismo del bar, su finísima caracterización de varias épocas fundidas, le confiere más dignidad que la de los palacios desangelados y rutinarios por dónde se mueve hoy el consumo de alcoholes y refrescos.

En el pueblo de mi madre aparte de " El rincón del espanto," una piedra de molino saludaba a modo de reclamo a los pies de los visitante de otras tabernas como “Casa Paca”, o “Casa Jorge ”, según se distinga entre la jefa o el jefe del establecimiento

El negocio de Paca no es solo taberna, también es un pequeño colmado que aún da servicio a sus más de doscientas almas, y ocupa el espacio de lo que antaño fuera salón de baile...Ciento y pico de años contemplan este cantina dónde, como en cualquier otra semejante, puede vivirse la eternidad en un solo día.

A mí por ser medio pariente carnal del dueño y obviando mi edad tan temprana me dejaban ir a una de ellas mientras mi madre se pasaba la tarde chafardeando con sus hermanas y amigas en la plaza del pueblo. El dueño de " El rincón del espanto", era Don Emilio; un hombre bondadoso y sabio aunque algo extravagante, con cabellos canos que parecían estar cubiertos de polvo ( ya de mayor me di cuenta que estaba cubierto de experiencias). Con su barba larga y sus ojos azules llenos de chispas de vida, se convertía en el alma de aquel lugar. Sentado detrás de la barra, con una sonrisa amable, escuchaba atentamente las historias de todos los parroquianos; y en más de una ocasión, ayudaba a resolver los pleitos muchas veces banales y producto del vino que los embrutecida discutiendo. 

Una tarde oí a dos labradores comentar en voz baja entre ellos del porqué de la estancia de mi madre y mia en el pueblo ( siempre pensé que por vacaciones) pero eso lo contaré en otro capítulo. La taberna era el lugar donde se tejían las leyendas y las aventuras vividas en el pueblo. Cada rincón estaba adornado con reliquias de antaño, como cuadros polvorientos que retrataban antiguos nobles y armas oxidadas que colgaban en las paredes. Incluso había una antigua guitarra, la cual había presenciado más de una serenata y más de un amorío secreto.

Los vecinos del pueblo eran personas humildes y sencillas y su calidez en el temperamento se reflejaba en la taberna. Los hombres del campo compartían anécdotas de sus labores en los campos, mientras que algunas mujeres, vestidas con sus delantales, ya cansadas de estar en la plaza se reunían en mesas pequeñas para continuar sus historias de amor y repliques de cotilleos.

Los sábados en la noche, la taberna cobraba más vida aún con música, bailes y risas desbordantes. El olor a tortas recién horneadas en la tahona y licores destilados en las casas para consumo propio inundaban el lugar, haciendo de esos sabados veladas mágicas e inolvidables.

Me contaba Don Emilio que la taberna también fue testigo de momentos de nostalgia y tristeza. Noche tras noche, amparados por las penumbras de aquel rincón, se desahogaban los corazones rotos y los sueños perdidos. Don Emilio señalándome un cuadro con una poema escrito me contó que lo escribió un guiri que había venido al pueblo para hacer un estudio de plantas y de bichos del campo y se enamoró de una mujer ( luego averigüe que la enamorada era una tía mía, hermana de mi madre) 

Me acerqué con curiosidad al cuadro en el cual estaba escrito el poema sobre un fondo de hojas secas sobrepegadas unas a otras limpie con mi puño un poco el cristal:

"En el jardín de mis sueños, entre los geranios en flor,

brotan mil colores que hablan de amor.

Flores rojas como pasión ardiente,

Flores blancas como pureza latente.


Como pétalos que se desprenden al amanecer,

así se deshoja mi alma al enloquecer.

Cada flor en mi senda, un amor que se cruza,

un destello fugaz, una luz que reluce."

No hacía falta ni ser mayor ni tener buenas entendederas para saber que ese amorío fue efímero.

Cuando me hice mayor ya lejos de ese pueblo tomé conciencia que el paso de tiempo en la taberna era impredecible; las horas se estiraban como si fuera un universo aparte, habitado por la felicidad y las penas de todos ellos. En cada vaso vacío había una historia, en cada risa compartida había un lazo más fuerte tejido entre vecinos.

Así, "El Rincón del espanto" se convirtió en mi lugar preferido aún siendo un niño. Era más que una taberna, era la calidez de un hogar compartido. Don Emilio se convirtió en una figura casi mítica, un sabio que escuchaba, aconsejaba y acogía a todos los que necesitaban un poco de charla. Ahora pienso la falta que me hubiese hecho un Don Emilio en mi vida cotidiana no lo sabría cuantificar nadie.

Esa taberna existió por generaciones, antes, cuando y después  de mi tiempo en el pueblo y aunque el tiempo pasara y los dueños cambiaran, siempre sería el lugar de encuentro del pueblo, el corazón latente en medio de la rutina. Porque mientras exista un lugar donde compartir, reír y encontrar consuelo, siempre habrá esperanza y amor en cada trago de aquel rincón tan especial como sigue siendo " El rincón del espanto"

DIARIO DE UN NIÑO URBANITA EN LAS ALPUJARRAS.


sábado, 10 de febrero de 2024

CON DIEZ AÑOS.

... El autobus con un lastimero  chirrido de frenos y posterior apertura de su puerta trasera nos dejó en mitad de la carretera, en mitad de la nada ante mi mirada, la mirada de un niño de diez años al cual se le habría un horizonte de tierra inospita ante sus ojos por descubrir, en algún lugar de las Alpujarras, repito, en el centro mismo de la nada.

Yo, mi madre y mi hermano mayor cogimos nuestro equipaje que consistía en tres maletas de cartón piedra reforzadas con cuerdas y algún bulto hecho con cajas de cartón atadas con la misma cuerda que las maletas. Bueno, cogimos no, en realidad yo no cogí nada: apenas tendría diez años; las que cargaron con todo fueron mi madre, mi hermano y mis tías que estaban esperándonos en una sombra de un pino en la cuneta,  tres mujeres resueltas y con enormes ganas de ver a la hermana que un día lejano se fue del pueblo. Era mi primer viaje en la vida y el último que haría mi madre a la tierra que la vio nacer; se la veía contenta, feliz, exultante como creo que nunca más la volvería a ver. Mi padre no quiso venir; él siempre se negó a volver al lugar del que –decía– había sido expulsado a base de hambre y miseria.

Viajamos de noche, por lo cual yo me pasé la mayor parte del trayecto durmiendo en el regazo de mi madre. Pero al pasar por Ocaña no sé qué extraño impulso la llevó a despertarme:

—Mira, nene, ese es el Penal de Ocaña, por esos ventanucos que ves ahí –me dijo señalándome las ventanas de los pabellones y en concreto uno apartado del resto.– se oye gritar y quejarse a los presos como almas en pena.

Efectivamente, el Penal de Ocaña era una de las cárceles más duras del protofranquismo. Se trataba de un vetusto conglomerado de edificios con una especie de respiraderos que proporcionaban luz y aire a las celdas donde estaban los presos. Ni mi madre ni yo fuimos conscientes en ese momento, pero aquella visión marcó profundamente mi vida; hasta tal punto que creo que en ese preciso instante se empezó a conformar mi conciencia y mi sensibilidad volitiva.

Creada en1883, funcionando durante sus primeros años como una prisión para presos comunes. Desde su entrada en funcionamiento adquirió un papel relevante. En 1914 fue reformado y reconvertido en un reformatorio para adultos. Durante la Guerra civil sería transformado por los republicanos en un hospital militar, destinado a atender a los heridos del frente. Tras el final de la contienda volvió a ser empleada como una prisión. Durante los años de la Dictadura franquista se convirtió en una de las prisiones más grandes de España, habiendo llegado a albergar a más de 15000 presos.

Pero retomemos mis recuerdos: Fuimos en esa época del año en que la sierra granadina empieza a ponerse hostil, gris y fría y el aire huele a humo, a matanza y a aceitunas. Cuando el autocar reemprendió la marcha y se perdió entre una de las muchas curvas sinuosas de la carretera, nosotros bajamos por un sendero empedrado, sorteando campos de olivos, tablas de huertas y algún que otro cortijo desperdigado, hasta llegar a un profundo y húmedo valle donde vivían mis tíos y mis primos. Apenas se vislumbró la casa desde el sendero, mis tías empezaron a gritar:

–¡Niñaaaa! ¡Consueloooo!

En el umbral de la puerta de aquella casa encalada apreció una mujer morena, todavía guapa, rolliza y ante los ojos, de carnes todavía prietas:

–¡Ay, ay! ¡Que ya están aquí! Antonio, corre, ve y cógeles  los bultos; Los besos resonaron en todo el valle y los abrazos y aspavientos, como casi todo en Andalucía, fueron exagerados...

En aquella Andalucía a la que no llegaban los Planes de Desarrollo de López Rodó de 1962, el tiempo y la distancia eran significantes vacíos, magnitudes vacuas. Me di cuenta aún siendo tan niño que allí el tiempo no se medía, simplemente transcurría con un ritmo lento, pausado y cadencioso. Y las distancias no eran largas o cortas, simplemente se salvaban, costara lo que costara, cuando había que salvarlas o se querían salvar. Y si había que salir a las cinco de la mañana para caminar medio día y subir a un cortijo en lo más alto de un cerro para ayudar en la matanza al tío Enrique, se hacía sin oir discusiones, pleitos ni zarandajas por ír o no ir, simplemente se iba y punto.

Los Cortijos no tenían nada que ver con la idea de cortijo instalada en el imaginario colectivo urbanita del que yo provenía al haber nacido y criado sin conocer esas edificaciones; eran modestas construcciones de piedra revocada y encalada compuestas por una cuadra, una gran sala donde se hacía la vida alrededor de la chimenea y un par de habitaciones –a lo sumo– que más bien parecían celdas monacales.

La vida allí era un claro ejemplo de economía colaborativa. Las familias se juntaban para ayudarse mutuamente en las tareas más arduas como, por ejemplo, la matanza del cerdo. Compartían esfuerzo y utillaje con generosidad y sin reservas en un calendario sabia y espontáneamente programado donde cada cortijo tenía establecida su fecha. No había pagos entre ellos, sólo había honradez, confianza mutua y una cosa por hoy ya defenestrada que llamaban "palabra".

Para un niño de diez años, los chillidos del cerdo mezclados con aquel olor a sangre, excrementos y piel chamuscada, era una impresión  desagradablemente impactante, aunque ampliamente compensada por los ricos almuerzos de morcilla, asadurilla y/o de careta asada en la lumbre. Recuerdo ver a los hombres mayores daban largos tragos a la bota de vino mientras yo los miraba con envidia y hasta una cierta admiración.

Y después de dos días de intenso trajín pelando cebollas, despiezado y salando jamones y tocino, limpiando tripas y embutiendo chorizos y morcillas, llegaba la fiesta. Un postre hecho a base de granadas desgranadas y vino dulce endulcoraba el ambiente y preparaba los ánimos para el baile. Dos guitarras, un tamboril y una bandurria eran suficientes para cantar y bailar toda la noche entre copita y copita de anís o de coñac.

El resto de recuerdos se me vuelven más difusos e inconexos: las noches con la luz tenue de un candil que alargaba las sombras y acentuaba la penumbra, yo que nací ya con luz eléctrica. Se me viene a la memoria mi pobre primo pepillo que se hacía más de 5 Kilómetros todos los días para traerme pan blanco porque no me gustaba el que amasaba mi tía, un trillo desdentado en mitad de la era esperando las mieses, ( Cuando de mayor leía a García Márquez, el pueblo de mis ascentros me recordaba al Macondo que describía Gabo en sus novelas) los juegos con mi prima Mariola, los animales ( gallinas, un cerdo, una mula y un asno), el maíz apilado en un rincón con cuyas hojas secas (farfolla) rellenarían los colchones; las migas de pan con su morcilla, chorizo o trozo de panceta frita y poco más.

Mi memoria ya con mi edad está ya al borde del colapso y no es cuestión de abusar. Al fin y al cabo, los recuerdos no nos pueden salvar de la vida. Ni lo pretendemos, ¿verdad?...


DIARIO DE UN NIÑO URBANITA EN LAS ALPUJARRAS.

viernes, 9 de febrero de 2024

FRENTE ABIERTO.

Cada texto es un nuevo frente abierto. Son palabras al viento que toman vida propia más allá de quien las escriba. Al escribirlos es como si los textos cobrarán otra identidad. Cada párrafo es una concepción del mundo.

Escribir para  mi es una gran compañía. Es como los abrazos que por épocas escasean, es la bolsa de agua caliente en invierno, es poner unos palitos en la leña en una chimenea mientras hiela fuera, es la imaginación cuando llega de repente y te hace sonreir, es la mirada de esas personas que realmente te aprecian. Es tantas cosas que si me dejo llevar podría estar hasta mañana.  Es que sumirse dentro del caos creativo tiene tanto de poesía. La impredecibilidad de darle un final digno a lo que escribes es un estado que cuando lo sabes llevar te genera alegría. 

Asi me sucede cuando escribo. Incluso soy capaz de cerrar los ojos como ahora y solo subirme a la montaña rusa de las letras que se deslizan teclado abajo hacia un mundo desconocido donde todo es posible, donde no hay nada que tenga limite. Donde hasta pueden volver a tu bolígrafo esos momentos únicos de amores que ya no están, donde los recuerdos se hacen palabras juntas y los sueños realizables. Y creedme; Es tan posible todo que yo insisto cual escultor, intentando esculpir cada noche algún tesoro oculto en estas 29 letras que componen el abecedario. Estas letras dispuestas de una particular manera que combinadas unas con otras es posible construir sensaciones vividas que galopan en tu mente a caballo entre varios y diversos, mundos lejanos.
Escribir en las madrugadas pueden ser tranquilamente eternas. Es como una sensación tragicómica. El escribir muchas veces te acerca a muchos desconocidos y te aleja de los que más te han conocido.

jueves, 8 de febrero de 2024

MI YO MÁS ÍNTIMO.


Disfrutando de la soledad de mi silencio, es la hora donde los gnomos y la hadas bailan acompasados y enredan entre las flores, allí donde la quietud de la noche se rompe... Ya se que al leerlo suena algo infantil; pero es que me siento Invadido e inmerso por un mágico mundo donde la oscuridad se cubre con un halo de misterio y hace de la intimidad un derroche. Ahí es ese pequeño rincón de mi mente donde guardo tantos y tantos sueños. Es ese prodigioso tiempo donde regreso de vez en cuando buscando mis recuerdos, ese lugar donde mi pasado nunca se pierde donde vuelvo a la niñez. Que maravilloso placer encuentro cuando cae la noche y la vida se va adormeciendo haciendo una pausa, prorrogando la muerte una vez más y otra mas.

Esas noches donde se abaten sobre mí las sombras donde solo se ilumina mi yo más íntimo, Donde señalando mi verdadero ser saco de mí la imperfección que maquillo cada día a la perfección. Escucho en silencio como el silencio me envuelve en su manto y su musa me atrapa susurrándome al oído la dulzura de su canto. Y donde cada noche la encuentro, donde cada noche vuelvo a jugar con ella, esas noches donde eres hada madrina de brillantes alas y me haces viajar entre nubes...Entre sueños.

Os pido que no rompáis el silencio de la noche,  y conjuréis a vuestros duendes, que los míos ya están aquí retozando con la oscuridad invitándome a disfrutar de su magia incitándome a buscar en ella la paz atrayéndome a su lado oscuro para buscar el mio.  Es la noche … mi noche, nuestra noche; la recreación de unas horas perdidas en sueños o pesadillas donde al menos yo me busco y me encuentro,  donde soy yo y el silencio… Shhh… callad os lo ruego,  dejad que el silencio sea mi dulce consuelo.

Cuando amanecía, Luis era como un pedazo de nada perdido entre un montón de imperfecciones. Y eso le causaba terror; saber que se existencia se veía abocada a estar rodeado de un silencio ruidoso, un gigantesco dolor de cabeza de un discurso que se negaba ha aceptar y que no iba a perder su tiempo en comprender. Una vida dedicada a pasar, sin más; en un esfuerzo que no se llegaba a producir ante la seguridad de que nadie sería capaz de valorarlo y comprenderlo. Esa soledad que parte de lo transcendental. Gritos y más gritos de semejantes que se odian, de violencia gratuita, de pensamientos que se niegan a ser olvidados y revientan por la ignorancia. Fobias que se apoderan de sus sueños, pesadillas que se apoderan de su vida, porque creen suya y que no le dejan manejar. Miedo a que todo acabe de repente y que le quite el derecho a sentirse desgraciado; que es lo único que le mantiene en pie la posibilidad de seguir luchando. Estremecerse al ver la felicidad ajena y arrastrase martilleando sus sienes con oscuras ideas de engaños, injusticias e ignorancia. Convencido de que podría destrozar la vida de cualquiera, hundir el equilibrio emocional de cualquier ser vivo con su desgarradora verdad...; era el pretexto perfecto para ser ignorado.

Todo es desolación para él. Esquizofrénico, esa sensación insana de desasosiego; que realmente nunca llega. Una dualidad difícil de digerir y que le destroza por dentro. Pero algo resplandece entre esta gran miseria llamada mundo... No crean saber de que se trata; No pueden verlo.

miércoles, 7 de febrero de 2024

SIEMPRE CREERÉ. ( Un Motril Jekyll y Hyde).

Vivo al lado del mar... Así empieza un poema de Orelac que radiografía, el alma del nacido junto al mar, ese que, a la par ama y se lamenta de la mala suerte de ese lugar que lo vio nacer pero que jamás permitiría que nadie de fuera le pisase el orgullo de hablar mal de esa tierra, mitad bendita, mitad maldita. 
Yo me refiero a Motril, un vergel que muchas veces describo como  un lugar donde perder es lo normal... Pero Motril tiene su similitud con la novela de Robert Louis Stevenson "El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde" donde Jekyll es la representación de la amabilidad, la bondad y responsabilidad. Al contrario que su “otro” yo, el Sr. Hyde, el cual refleja el lado malvado, no solo a través de su personalidad, sino también de sus imponentes rasgos.

Veamos el Motril Dr Jekyll:
Miro a mí alrededor y veo esos movimientos culturales y artistas reindivicandose en todo las formas de arte posibles, Artes que nos eleva a todos un poco y que hace, aunque sea por un instante, que levantemos la cabeza, no sé si por orgullo de pueblo o por admiración de que haya paisanos empecinados a dejar su huella en una ciudad de la que muchos reniegan de nosotros mismos.
No puedo evitar, siendo uno de esos Motrileños de la diáspora del siglo XX, que al volver siente orgullo de seguir siendo fiel a esa tierra con personalidad propia, tan de aquí y a veces tan poco andaluza... Para bien y para mal, de aquí, de Motril...

Pero quiero creer que, tras esa fama efímera que nos da la prensa, a ese CF Motril peleón que trae la sonrisa a mis paisanos, al espíritu indomable y orgulloso que existe en cada uno de nosotros, consiga que algún día, haga renacer de las cenizas de la añoranza del tiempo donde mirábamos con somera e insultante altanería a Granada capital, la fuerza y el coraje de reinventar un Motril que no merece lo que le pasa y tampoco, a esos que solo saben lamentarse sin aportar nada más que un gris oscuro. 

Creamos en una tierra, que nada tiene que envidiar a ningún otro lugar, ni en playas y alrededores, ni de todo lo que puede y quiere ofrecer y que donde tienen que venir gente de fuera para mostrarlo y sacar lo mejor de aquí.  
Gracias a los artistas motrileños que onerosamente ponen su granito de arena, a los jugadores de futbol que pelean cada domingo, a los que no se resignan y a los valientes que día a día aportan con su luz al lugar donde uno no puede evitar sentir que... aquí está mi hogar, donde se acaba el mar....

Ahora veamos el lado Hyde:
Motril adolece como en muchos sitios de la obsesión por estrangular determinadas voces irreverentes usando la facilidad con la que los que tienen una cuota de poder temporal recurren a unos polloperas sobre los que influyen para exigir el castigo debido ante informaciones antipáticas o simples opiniones que consideran atentatorias para su impostado honor, son síntomas de que esta enfermedad de la intransigencia va avanzando entre nosotros.

Defender la libertad de expresión de quien piensa como nosotros es sencillo, pero vale muy poco. Hacerlo cuando sientes que las palabras, ideas o modales del otro se te clavan en la espalda del amor propio como banderillas negras, es lo que tiene mérito y nos enriquece a todos.

Es el fruto de la somnolencia en la que viven del nunca pasa nada; y puesto que nunca pasa nada, supongo algo habrá que hacer para acallar a los de levita y vara de mando que se empeñan en escandalizarse, por ejemplo, de que se les fiscalice y muchas veces se critique sus acciones y hechos. Lo que ocurre que Motril es un pueblo amancebado, conformista y borreguíl carente de personas de acción, dispuestas a bajar a la calle para levantar acta de lo que de verdad pasa, dando la cara aun a riesgo de que se la partan.

Pero ya sea un Motril Dr Jekyll o por el contrario sea un Hyde... Motril, Siempre adelante.

martes, 6 de febrero de 2024

ESTOICISMO 2.0

Más de una vez nos habremos preguntado mentalmente por qué todos los narcisistas te tocan a nosotros, apuesto que si. Pues no es que te toquen a ti todos sino que el mundo está plagado de narcisistas. Una pléyade de narcisistas frustrados porque ellos quieren estar enamorados de sí mismos, y, de hecho, lo están, pero son conscientes de que no acaban de lograr los niveles de belleza y excelencia autoexigidos; nunca hay suficiente músculo, nunca hay suficiente  pelo o hay demasiado, nunca hay suficiente volumen en los labios  o en los senos, nunca suficiente brillo...y se frustran y se amargan. Esos son los peores porque suelen descargar su frustración y la amargura en ti. En ti y en el resto del mundo.

El narcisismo ha pasado de ser un trastorno de la personalidad tipo B a convertirse en una forma de ser aceptada y dominante, casi una característica idiosincrática de las sociedades modernas que nos llevan a relacionarnos los unos contra los otros. Desde que algunos políticos y periodistas cortaron la cinta que inauguraba la etapa neoliberal, todos los estímulos que hemos recibido, todas las corrientes culturales que nos han llegado vienen a promocionar y a fomentar ese individualismo, ese culto al cuerpo y esa exaltación enfermiza del propio ego. Primero fue esa positividad tóxica disfrazada de psicología que desprecia las condiciones objetivas de la realidad social para centrarlo todo, incluso la culpa, en el individuo. Luego llego ese taoísmo mal entendido que nos llevaba a la introspección para fluir y aceptar, fundamentalmente, sin enfrentarnos para nada a la realidad. Y de esos mismos creadores, ahora nos llega un estoicismo 2.0 que nos invita a la ataraxia, a prescindir del deseo y a romantizar la escasez y el sufrimiento como elementos purificadores.

Pero la mayoría de nosotros ya tenemos un máster en sufrimiento y escasez y no tenemos el cuerpo para romantizaciones interesadas. En el fondo, lo único que queremos todos es abundancia y bienestar. Por eso, a ver si por fin se pone de moda una corriente cultural o filosófica que fomente la empatía ,la solidaridad y la cooperación entre todos para construir un mundo mejor. Estamos hartos de tanto narcisismo y postureo social.

domingo, 4 de febrero de 2024

PESADILLAS SEXUALES.


Una de mis fantasías sexuales, y de muchas mujeres es hacer el amor de forma salvaje. Llegar a casa... que tu marido esté preparando la cena... (bueno, esto de por sí solo ya sería una fantasía) acercarte al él por detrás, arrancarle el delantal y hacerlo en la mesa de la cocina...

¿Pero os imagináis esto en la vida real?

Primero, mi cocina es pequeña, y mi marido, gordo.. o sea, que tú estas con las piernas colgando, encima de la encimera,  clavándote un tenedor en la nuca, y desollándote el culo con el rallador del pan... ahí, ya se me empieza a desinflar la fantasía...

Estas cosas nos pasan por intentar copiar lo que vemos en las películas, por ejemplo, la típica fantasía de mezclar sexo y comida, como en "Nueve semanas y media" con las fresas, el melocotón en almíbar...

Vamos a ver: ¿Qué tiene de sexy hacer macedonia encima de tu pareja? porque el almíbar tiene una característica muy poco erótica, a los tres minutos se seca... y se queda como el Loctite. ¡¡¡Claro!!! como en la película cortan el rodaje a su antojo... pero a ti te toca irte a la ducha... con la cabeza pegada a la de tu marido, con el culo en pompa y caminando hacia atrás... que parecemos dos siameses... Na... Mu complicao lo veo yo.

Otra fantasía muy típica es grabarse en vídeo, me contó una amiga que daba mucho morbo. Así que lo probamos: es supererótico... hasta que te ves... tu marido te pone el DVD todo emocionado, y cuando ves dos cuerpos abrazados....¡¡gordos!!,

dices tú.: -Paco, te has equivocado de cinta, eso es un combate de sumo.

-No cariño, somos nosotros, es que la cámara engorda.

-¿Que engorda? ¿Y la mesilla de noche porqué no engorda? Na....sigue la cosa  mal.

Pero la muestra más clara de que las fantasías nunca deberían. llevarse a cabo es cuando tú marido se empeña en hacer el amor en la bañera. Aquí la fantasía es conseguir hacerlo sin romperte nada. Para empezar... muy, pero que muy erótico... no es. Él se mete, y se queda encajado en la bañera, con las rodillas en las orejas y el periscopio intentando asomarse. Y va el cachondo y te dice:

-¡¡Venga, metete!! Y claro, como él ha cogido el mejor sitio, a ti te toca poner el culo encima del tapón y que te dé el grifo en la nuca. Y entonces empieza a moverse todo apasionado. ¡Y se monta allí una marejada...! ¡Chaf, chaf...!

Aquello parece "La Tormenta Perfecta"... Lo malo es que el que está en la bañera no es George Clooney, es el capitán Pescanova. Entonces te dice:

-Vamos a probar otra postura; ponte tú encima!  "Encima de donde...¡¡¡¡QUE NO QUEPO...!!!!

En ese momento se sale el tapón y el desagüe te hace ventosa... y piensas "este ha organizado un trío sin avisarme" Y cuando te das cuenta de que es el tapón le dices:

-¡¡Que se sale el agua, que se sale el agua!! Y él:

-No te muevas, busca el tapón...

Tú, tanteando, agarras lo primero que encuentras... Y él grita:

-¡¡Eso no es el tapónnn joderrr!! ¿no ves que hay dos? En ese momento, ya solo se te ocurre una solución:

- Cariño, ¿por qué no nos vamos a la cama?... Pero a dormir, que con tanto trajín, ya se me han quitao las pocas ganas que tenía....

Es que yo, soy de las antiguas, yo no sirvo  pa esto.

sábado, 3 de febrero de 2024

TESTIGOS DE JEHOVÁ.

 

Pocas cosas han quedado de los años 80 como andar en bata de boatiné por casa; que los bocadillos de media barra de pan untada con mantequilla y azúcar y ver a los niños con el kimono de judo/kárate puesto paseando por la calle de la mano con sus madres.

Pocas cosas perduran de los años 80 como el revival este de Testigos de Jehová que vuelven a florecer -con sus trajecitos y sus puestitos con esos folletitos de: "Cursos gratis de Biblia", por Ned Flanders- de un tiempo a esta parte por las anchas avenidas, parques y calles de mi Motril.

En los 80 el cine nos acojonaba a medio mundo con los tiburones. La gente veía en los ochenta tiburones devoradores de hombres, mujeres y niños hasta en la piscina municipal de Motril (cuando funcionaba).

Primero no dejaban meterse a los pobres niños por el tema de hacer la digestión y después por los tiburones del Spielberg que se comen a la gente a bocados. Después nos vino un tiempo en que nos comuniquemos con civilizaciones extraterrestres avanzadísimas; mediante seis notas musicales con un órgano de esos Casio PT-10 que te regalaban por la comunión en los 80. Solamente aprendiste a tocar con él Carros de Fuego y con un ritmo pregrabado chungo de bossa-nova, ¿te acuerdas?

Después... Nos dio por creer que los arqueólogos era todos como esos que salen en los documentales de Egipto de Discovery Max: 20 años cavando con una cuchara en el desierto para encontrar una puñetera vasija rota a la que le falta el asa y ya no sirve para nada, ni para regalarle a tu madre por su cumpleaños, bien pegada con loctite, y así te ahorras un regalo.

Pero no... de repente los arqueólogos de Discovery Max corrían delante de piedras gigantes y peleaban contra tribus indias perdidas y nazis grimosos de gafitas esféricas y gabardinas Loewe mientras dan la vuelta al mundo con un látigo en el cinturón (y digo yo, ¿para qué coño querrá un arqueólogo un látigo? ¿Para agarrar mejor las momias y sacarlas de las tumbas sin tocarlas por lo de las maldiciones?)

Pero retomemos el momento testigos; Nada más enternecedor que esas señoras mayores todo emperifolladas Testigos de Jehová que se te acercan educadamente para darte un folletito de interpretación gratis de la Biblia y que a cambio solo te piden el 10% de tu sueldo y que les dejes el piso a los mandamases de la Orden cuando te vayas. Y a cambio de eso, te ofrecen el paraíso eterno. Yo creo que merece la pena, ¿no?, 70 metros cuadrados de piso a cambio de estar recostado rascándola toda la eternidad en el Jardín del Edén tampoco parece tan mal acuerdo.

📷 Yo tengo muy claro dónde hallar las grandes respuestas. ¡La ciencia y la filosofía para los tontos y los crédulos!

viernes, 2 de febrero de 2024

TACOS A "CASCOPORRO".

No podemos ir por la calle con cara de mustios perdona vidas. Si a los avatares diarios no le echamos un poco de humor, nos vamos a volver majaretas o seremos unos muermos insufribles. Yo en eso estoy muy de acuerdo, pero convendréis conmigo que hay muchas clases de humor porque el humor grueso es como las lonchas de jamón gordas… nada que ver ni es lo mismo que el humor elegante y finolis. 

Decir por ejemplo: “añoro y ansío perderme entre tus pechos de diosa y enloquecer besando tus muslos bronceados por mil soles y aireados por cien brisas”, puede ser una cursilada y horterada imperdonable, pero decir “añoro perderme entre tus domingas de categoría y chupetear tu muslamen renegrío por mil solaneras y oreadas por el viento” es una grosería que, si no la concibes en clave de humor, coges por los pelos al poeta plumillas y lo arrastras por un lecho de ortigas hasta que pida perdón o se haga el harakiri con un palillo de un pincho moruno.

Y luego está lo de los tacos. Los tacos, normalmente no son insultos, ni afirmaciones, como decía aquél, los tacos son exabruptos exclamativos de calibre diverso. Los tacos son de distinta categoría, los hay regionales (“¡Carallo!”), de sorpresa, castizos, comprimidos (“mecagüen”), indescifrables (“ahí va dios, pues”) y un largo etcétera. Hay pa tós como en botica.

Yo soy relativamente malhablado por una mera cuestión genética, pero me molesta la proliferación descontrolada de tacos en la tele, por ejemplo. Porque no me parece bien, qué queréis que os diga. Luego, te viene un nieto y te suelta un taco como una catedral y ya sabes de donde viene. Quizá tenga que ver con la baja calidad de muchos programas supuestamente infantiles, que muchos de ellos parecen sacados de un basurero a la espera de pasar la ITV en una planta de reciclaje. Lenguas no sólo viperinas, bífidas, sino lenguas candidatas a un lavado con Zotal al 70%. Mi vecina que era borde, gruñona y malaleche decía que me iba a lavar la lengua con estropajo y lejía cada vez que me oía hablar, habráse visto. Ahora a las vecinas como la que yo tenía siendo un chinorri, las contratan en Tele Cinco para que se despachen a gusto. Quiero pensar que es una teatralización  de la incultura y la maledicencia para consumo de petardos y petardas. Desde luego los “manuales de estilo” de muchos medios de comunicación se cubren de gloria.

Sin embargo, echo en falta la irrupción de nuevos tacos y palabrotas para seguir en cabeza del ranking mundial de malhablaos de raza ibérica. ¿Dónde quedó el calificativo “señoritingo”? ¿Ahora decimos “pijo”? Ese tío es un “estirao” y ahora decimos: “a ese tío parece que le hayan metido una escoba por el culo, empezando  por el mocho?” Menuda vulgaridad. De todas formas, no me negareis que los tacos son una terapia y una catarsis bien barata y los malos humores, que decían los antiguos, te salen a borbotones y te quedas más a gusto que un arbusto, que diría mi amigo " el tenazas". Tras una retahíla de insultos ¿Cuántas veces hemos dicho “joer, que a gusto me he quedao”?

Ahora bien: Luego están las palabras y frases del acervo cultural de los 70/80 que caen en el olvido sin misericordia ni respeto: guateque, maleducao, haiga, cuchipanda, anisete, meter mano (en su doble acepción) , "ballenas" de la camisa, sostén de cazoleta, pilingui, pollopera, calzas, cheli, katiuskas, “aquí no, que nos puede ver alguien”, arrimao, agarrao, “si me sigues tocando el culo llamo a mi madre y a mis hermanos" y mil más que se os ocurrirán soltando una lagrimita nostálgica (a mí me pasa cuando rememoro los cangrejos de río con tomate picante del Bar La Góndola en Guadalajara, comida tres estrellas y gloria bendita).

En definitiva: Tacos a porrillo, sin equívocos, (ese fulano es un hacker, ¿Eso qué es, un piropo o un insulto?).Se buscan palabrotas ibéricas para sustituir los piropos políticamente incorrectos y que sirvan de catarsis a la peña, ¿la peña?, ¿Qué peña?



jueves, 1 de febrero de 2024

PATRIA.

Yo respeto a quienes hacen alarde de patriotas y jurandos. Pero para mí el tema patria es muy extenso y se puede sentir y encontrar en cualquier lugar y momento. Una patria puede ser una sonrisa más grande que un país y dos brazos amigos que te reciben y abrazan más fuerte que el palo de una bandera gigante. La patria puede ser ese montón de discos que has atesorado que contienen canciones en las que te quedarías a vivir. Y que escogiendo letras de algunas y juntandolas con otras letras de canciones conforman tu mejor himno.

Tu patria puede ser aquel rincón pequeño en el que fuiste feliz algún tiempo o esa casa grande llena de recuerdos buenos. La verdadera patria perdura incrustada en algunas ausencias añoradas y en esas cosas pequeñas cubiertas de polvo que todavía guardas con cariño en algún lugar de tu casa, y porque no... está también la patria en un estuche con compases, escuadra y cartabón junto a los tebeos  amarillentos que de vez en cuando relees y los sientes como si lo hicieras por primera vez.

Una patria puede ser una infancia, un camino, unos árboles que plantaste, puede ser un amigo, un padre, una madre, unos hijos, puede ser el futuro la patria la risa de un niño, y porque no, puede ser las fiestas de agosto en tu ciudad con toda la familia y los fuegos de colores restallando por encima de vuestras cabezas en el infinito cielo de una noche sin luna de verano... Una patria son las cartas y fotografías que tienes en esa caja de hojalata del armario, una patria puede estar en los viajes soñados que te quedan por hacer o puede estar en las felicidades que estás viviendo o en las felicidades pasadas que ya han sido o fueron o hubieron de ser y vives en esa esperanza de recobrarlas algún día.

Una patria cabe en tu biblioteca o el cine de tu barrio o ese cuadro pintado por un amigo tuyo que te gusta tanto, o recordar las frases de tu abuela, o una rendija por la que se cuela algo de luz, o puede ser la patria la primavera entera, o la sombra de una parra en julio o un gato que se roza contra tu mano, o un gorrión que se sienta a tu lado en la silla y parece que te quiere decir algo.

Una patria, tu patria, cualquier patria, está en tantos sitios y lugares y rincones y gentes y recuerdos y esperanzas y es tan íntima y personal y es tan nuestra y tenemos tantas y tantas patrias distintas que me cuesta mucho tomarme en serio a aquellos que parece que saben de qué hablan cuando nos hablan de la patria.Por eso otra de nuestras patrias, una de las más libres, inabarcables y luminosas, está en no hacerles nunca ni el más mínimo caso.

Nuestras buenas, variadas, numerosas y personales patrias no merecen tan pésimos y oportunistas moradores como esos que generalmente se auto-proclaman patriotas. Esos siempre se han quedado fuera de mis fronteras... ¡y mira que mis patrias son anchas y dentro cabe casi de todo!